La Supervivencia de los Partidos de Oposición – Geovani Pérez

Al Lado del Camino

                                                             Geovani Pérez

A poco menos de quince días de que Andrés Manuel López Obrador finalmente tome protesta como Presidente de la República, los partidos políticos mexicanos que pasaron al espectro de la oposición tras el resultado del pasado 1ero de Julio ahora se enfrentarán  a un reacomodo en sus fuerzas internas. La misión es sencilla, sobrevivir, a la derrota, a las tentaciones de saltar del barco, a la mimetización o absorción del nuevo partido en el poder.

 

¿El PRI frente a su extinción?

Desde la derrota del año 2000 en la Presidencia de la República hubo no pocas voces que predijeron la desaparición de ese Partido – Estado o Estado – Partido y es precisamente en esta distinción en que ha basado su supervivencia, el sistema era el partido, un ejemplo claro de la capacidad del PRI para enraizarse en todos los ámbitos de la vida política del país durante el siglo pasado fue la forma en que institucionalizó prácticas como la corrupción. Así es, este mal que aqueja la estructura burocrática y política de México y que pareciera una invención priísta, solo fue usada por éstos para someter a una buena parte de los ciudadanos a un régimen en el que “se robaba pero se dejaba robar”.

Por lo tanto, si el PRI era el sistema y éste ha logrado permanecer tras la transición del año 2000 y como todo parece indicar sobrevivirá a esta del 2018 con un cambio en las formas pero no en el fondo. El PRI permanecerá, como logró permanecer 12 años de gobiernos panistas ganando gubernaturas, posiciones en los congresos y municipios, como logró alrededor de 80 ayuntamientos en el Estado de Puebla.

La oferta política de este partido si bien no está en sus mejores días mantiene capacidad para no terminar fuera de la vida política del país, siguen viviendo en el presupuesto, agazapados y esperando una nueva oportunidad. Aunque se han perdido estructuras, la experiencia les ha alcanzado para seguir presentes. Un cambio en la “marca”, de nombre pues – como lo planteó en algún momento la líder nacional Claudia Ruiz Massieu podría alargar su período de vida y regresarlos a ocupar mayorías en un plazo no mayor a 12 años siempre y cuando el sistema político mexicano no se transforme ni sea desmantelado.

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La era post-expresidentes del PAN

Con la renuncia del expresidente de la República Felipe Calderón a su militancia panista, y el alejamiento de Vicente Fox desea hace algunos años, el rumbo de Acción Nacional tendría que haber superado una era pragmática que si bien los llevó a obtener la Presidencia del país dos sexenios consecutivos los hizo perder sus principios doctrinales. El PAN como ejemplo de lucha política a través de valores cívicos desapareció. Ganar elecciones desde la oposición en el México de los 70’s, 80’s y 90’s era una tarea casi imposible. El hartazgo ciudadano por fin les dio una oportunidad en el nuevo milenio.

Una vez instalados en el poder, que siempre es un fin en si mismo, la tarea era conservarlo. Ahí es donde el pragmatismo apareció. Las alianzas, la incapacidad de respetar y colocar a sus cuadros por encima de los “panistas de ocasión” que aparecieron con el éxito electoral fue la ruina de una tradición política legítima de participación ciudadana sin la necesidad de detentar el poder.

La derrota de Ricardo Anaya al mejor estilo madracista y la separación de los expresidentes parecía, como decíamos, el fin de la era pragmática pero en los hechos ha significado el inicio de otra en el que la única intención más allá de reconstruir el partido desde sus principios es la de formar un grupo que sea el interlocutor con el nuevo Presidente de la República, a través de una elección de diligencia nacional simulada, negociada y sin sustento democrático, no han entendido que para López Obrador ya fue útil el PRI como el enemigo corrupto a vencer y en esta nueva etapa que se avecina después de la toma de protesta será el PAN y su relación con empresarios y estratos sociales “acomodados” el contraste perfecto con el pueblo bueno.

La estrategia de supervivencia debe ir dirigida a recuperar el apoyo de la clase media mexicana, aquella que no será objeto de programas sociales del nuevo gobierno. A recuperar la tradición de la participación democrática, regresar al origen. Limpiar al partido de operadores políticos que introdujeron las peores prácticas del régimen priísta. En un escenario de consultas populares una escuela de ciudadanía como fue por muchos años el panismo puede resultar en el contrapeso perfecto, más allá de las relaciones, los números en el Congreso de la Unión por ejemplo.

 

Los partidos satélite

La capacidad electoral del PRD y PVEM no representa una vía para subsistir, el Verde ya ha pagado su cuota con 5 diputados federales en negociación con Morena, ese será el camino a seguir y toca a los ciudadanos en la próxima elección intermedia dictaminar su desaparición de la misma manera en que han perdido su registro Nueva Alianza y PES. El caso del PRD depende en gran medida del desenlace en el PAN los últimos 6 años trataron de maquillar su descomposición interna con algunas alianzas electorales exitosas. El PRD dejó de existir el día en que AMLO abandonó el partido y fundó Morena.

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El escenario futuro

El sistema político mexicano después de 2018 tiene una tendencia tripartidista, aunque derechas e izquierdas sean categorías superadas, la competencia política en el país en el sexenio por venir será de dícotomías. No en balde la aparición de expresiones como fifí y chairo. Morena como partido en el poder, PRI y PAN como alternativas de oposición deberán entender en que temas y momentos se  deberán mover de un lado hacia otro o si tomarán una posición firme para encabezar banderas de grupos específicos del electorado y se ubicarán en un extremo.

Al lado del camino se puede observar que  en el país se han formado dos extremos y la confrontación apenas empieza.

 

 

 

 

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