¿Cuál Democracia? – Geovani Pérez

Al Lado del Camino

                                                          Geovani Pérez

La persuasión es quizás la principal cualidad que debe tener un político que se precie de democrático, es muy sencillo realmente; no se pueden construir y obtener mayorías efectivas si no se puede convencer a un buen número de personas a través del discurso. En una primera etapa la competencia por el poder nunca puede prescindir de las herramientas de la retórica.

El terreno electoral es el mejor lugar para manifestar esta virtud. Así lo hizo Andrés Manuel López Obrador durante 18 años, a través de un discurso repetitivo y no en el sentido peyorativo, sino en cuanto al uso que le ha dado a dos grandes ideas principales, la “mafia del poder” y la corrupción, a partir de estos dos argumentos logró convencer a una buena parte del electorado mexicano en sus dos primeros intentos de llegar a la Presidencia de la República y por fin en 2018, concretó una mayoría que fue imposible vencer por sus adversarios.

Además de la forma de gobierno reconocida en nuestra constitución, es en este esquema de comunicación entre AMLO y su electorado que podemos distinguir y categorizar una forma específica de democracia que estaba implícita en su oferta política y no es otra cosa que una democracia representativa y además indirecta, en la que a través del voto se elige a alguien para que se ocupe de los asuntos políticos porque el grueso de los ciudadanos no está interesado en involucrarse en los mismos. De esta manera se delega esa función. En este punto es muy difícil definir y distinguir todas las clases de democracia que se han desarrollado a través de la historia para calzarlas con las prácticas reales de nuestro país o de cualquier otro, pero basta señalar que lo que Andrés Manuel ofrecía, en efecto, era que la gente votara por él como figura presidencial frente a una clase política que ha fracasado en la conducción del país, es decir, construir una mayoría en torno a él y su programa de gobierno.

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Desde la campaña y tal vez desde mucho tiempo atrás esa fue la principal fuente de críticas, el señalar a los culpables de la situación no significaba presentar soluciones reales a los problemas que esta situación dejaba en el país. Desde el punto de vista de los críticos no había programa de gobierno o por lo menos una oferta resumida que el electorado comprendiera, porque se puede decir que existen libros acerca de su proyecto alternativo de nación, pero bien sabemos que en México los libros no constituyen una fuente muy popular de conocimiento.

De lo que todos hablan hoy en el círculo cercano a López Obrador es de democracia participativa y lo cierto es que en todos sus años de búsqueda del poder tal vez podríamos forzar una idea relacionada con este concepto y es la de la revocación de mandato, el referéndum a su ejercicio de gobierno. Sin embargo, eso no significa otra cosa que repetir los mecanismos de la democracia electoral y representativa que ya hemos mencionado.

La democracia participativa va más allá de elegir entre dos o más opciones, requiere en un primer momento de información completa que permita al ciudadano contar con elementos suficientes de decisión, necesita de voluntad; de una voluntad que se active a través de la conciencia. Igualdad de derechos y las mismas oportunidades de tomar parte en las decisiones políticas que se vayan a tomar.

La dinámica de las consultas ciudadanas promovidas por el Presidente electo no constituyen un ejercicio de democracia participativa porque se han insertado en una lucha pragmática y sin sentido por el control del centro de la toma de decisiones. No promueve la crítica de los proyectos ofrecidos y no permite la formulación de propuestas a los problemas que se plantean. En cambio, lo  que busca legitimar es una decisión ya tomada y por supuesto ya votada en el proceso electoral. Y esto cabe decir es completamente innecesario porque una mayoría de mexicanos ya respaldaron el proyecto de AMLO el pasado 1 de Julio y lo dotaron de la legitimidad suficiente para llevar a cabo todas las acciones propuestas.

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El camino de nuestra democracia entre representativa y participativa sólo se puede trazar apelando a una reforma profunda en la manera en que se educa a los mexicanos para comprender lo que significa ser ciudadano, en nuestro país este camino todavía es pantanoso, incompleto, inacabado.

Esto no quiere decir que no debemos perseguir el ideal de una democracia participativa para nuestro país sino que debemos exigir que sea un proceso claro que esté libre de simulaciones. Vayamos por partes, es evidente que un sector de la población se siente olvidada y excluida de las decisiones políticas y bien se les puede involucrar en la resolución de problemas locales en el ámbito de sus propias comunidades para después a través de la experiencia y el desarrollo de capacidades críticas puedan discernir acerca de los grandes problemas nacionales.

Al lado del camino se ve a la democracia mexicana queriendo evolucionar pero confundiendo premisas, métodos y adjetivos.

 

 

 

 

 

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