Creación de Valor vs Destrucción y Concentración de Valor – Jesús Angulo

Economía y Poder

Jesús Angulo

El Gobierno es en tiempo y espacio el principal agente concentrador de riqueza (segunda de mil y un partes)

La economía es una ciencia cuyo objetivo principal es el estudio del bienestar material del  individuo y de la sociedad. Además de tener todo un cuerpo teórico respecto a la determinación del bienestar, la economía ha construido diferentes mediciones con el objetivo de hacer comparaciones en un momento en el tiempo y, a través del tiempo, del desempeño de las sociedades con relación a su bienestar.

El producto interno bruto (PIB) de un país es una de estas mediciones que nos permite, entre otras cosas, comparar nuestra economía con las extranjeras, así como visualizar la evolución de nuestra propia economía a través del tiempo. El desempeño del PIB a través del tiempo se considera como una medida de progreso o retroceso (según sea el caso) del bienestar de los individuos de una economía particular.

De que haya progreso económico (crecimiento) dependen la superación de otros problemas sociales, que no necesariamente son puramente económicos. Por ejemplo, la delincuencia común, la pobreza, la movilidad social, reducción de la economía informal, etc.

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Sin ser el objeto del presente el señalar el desempeño económico secular del PIB en México, es menester decir que casi todo el siglo pasado, a excepción de unos cuantos años (del “52 al “70), fueron de progreso magro. También hay que señalar que los problemas relativos al crecimiento, en la segunda parte del siglo pasado, comienzan con Echeverría y no con De la Madrid, como muchos pretenden hacer creer. El inicio del sexenio de López Portillo lo salvan únicamente los precios extraordinariamente altos del petróleo.

Los gobiernos posteriores al de López Portillo, persiguieron sobre todo dos objetivos económicos: estabilizar y crecer. Lo primero, fue logrado con bastante éxito en el sexenio de Salinas. Pero el segundo, ningún gobierno en su momento logró hacer crecer la economía a una tasa que le ayude a superar los innumerables problemas sociales agudizados por las crisis sexenales. Por supuesto, póngase la pobreza en primer lugar. En el último decenio del siglo pasado se tuvo la esperanza de que una apertura comercial nos llevaría a crecer a tasas suficientemente elevadas, de tal modo que el subdesarrollo quedaría atrás. Pero cuánta desilusión y frustración, en casi veinticinco años de TELECAN: la economía mexicana ha crecido únicamente un UNO por ciento en promedio (PIB per cápita) anual.

El sexenio del señor Peña está caracterizado por un crecimiento del PIB (per cápita) de no más de UNO por ciento en promedio anual. Para variar, también quiere que cuente y hasta lo vende como un gran logro. Que PIB no haya retrocedido en ningún momento durante su mandato, en realidad no es ningún mérito de nuestro gobierno y todo se lo debemos al desempeño de la economía americana, que tampoco retrocedió durante el mismo periodo.

¿Que esperar del gobierno de AMLO con relación al crecimiento económico? El señor López Obrador ha dicho que la economía crecerá entre un tres y cuatro por ciento anual. Lo mismo han afirmado quienes deberían saber más al respecto, como son el señor Urzúa y el señor Esquivel. Pero yo no sé cómo lo lograrán y ahora lo explico…

Que el PIB crezca entre tres o cuatro por ciento significa que el PIB per cápita crecerá entre dos y tres por ciento, tasa que no se ha logrado en casi cincuenta años, excepción hecha en el sexenio de López Portillo. Pero buena parte de este hecho se debe al aumento en el precio del petróleo, situación que debe ser por ahora descartada. Quizá se esté pensando que una política de gasto gubernamental podría ser la solución, el ultimo que  intento crecer de esa forma fue Echeverría y se creció tan solo 1.8% en promedio anual durante su sexenio. AMLO ha argumentado que se gaste como lo hizo en su momento E.U. durante el mandato de Roosevelt, pero ese momento era bien especial: se estaba saliendo ni más ni menos que de la Gran Depresión.

Bien, si hay algo que la ciencia económica no ha resuelto son las cuestiones de cómo crecer sostenidamente a la par de cómo crecer aceleradamente. Tanto así que, cuando una economía lo logra, se le denomina milagro económico. Si bien no sabemos qué hacer para crecer a una tasa “decente”, sí sabemos qué hacer para evitar que la tasa de crecimiento sea tan pobre como la tasa a la que hemos crecido los últimos veinticinco años y, para esto, hablaré de una forma de proceder que, sin duda, arruina cualquier economía.

Se argumenta, sin más, que la inversión en infraestructura promueve el crecimiento económico. De suyo, esto es un argumento de AMLO y sus colaboradores. Pero esto no necesariamente es así. Para hacerlo evidente, relataré en forma sucinta un caso en la Capital poblana.

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Hace aproximadamente dos años, se terminó un tramo aproximadamente de 15.5 Km. en la autopista México-Puebla, en su segundo piso. Pregunta obligada: ¿Es necesario dicho segundo piso? Para evaluar el proyecto, por ahora me olvidaré de los costos implicados en dicha construcción, que no solo incluyen todos el costo de materiales (renta de equipo, salarios y, por supuesto, el tiempo muerto de los usuarios de la autopista durante la construcción) y me centraré en lo que cualquiera puede observar en la operación y funcionamiento del segundo piso, una vez abierto al público.

El peaje por el tramo completo para automóviles era de 55 pesos, para los camiones la tarifa iba de 250 a 450 pesos, dependiendo del número de ejes del camión. ¿Cómo se fijaron las tarifas? Lo ignoro, pero, debo suponer, dado determinado flujo vehicular (por unidad de tiempo) se fija un precio, de tal forma que el principal costo (intereses sobre el capital invertido) de dicho proyecto se recupere junto con el capital invertido. El costo marginal de operar la autopista es cercano a cero, así que lo puedo ignorar.   Usé varias veces el segundo piso después de la apertura al público y sucede que entre mi auto y el que había cruzado la caseta de cobro antes que yo, había una distancia de casi un Km.  Y aunque no se crea, algo similar sucedía con el auto detrás de mí. Es obvio que el precio era incorrecto. Había que bajarlo (cosa que no sucedió), para aumentar el flujo.

Antes que eso, los gobiernos federal y estatal se pusieron de acuerdo para que el negocio de algún particular saliese. Se prohibió a los camiones de carga transitar por el primer piso, argumentando que era un boulevard de la ciudad de Puebla. ¿Quién terminó pagando el mal negocio? (porque eso sí: para la economía, como un todo, fue un mal negocio). Los camioneros, por una parte, y los consumidores de los productos transportados por dicha autopista. Pero más que esto, el segundo piso, en lugar de agregar valor destruyo valor: el dinero que antes era usado para otros bienes, ahora se usa para pagar una inversión que no se necesitaba (si se hubiera necesitado los automovilistas y conductores la hubiera usado sin necesidad de obligarlos).

Así como este ejemplo, hay una buena cantidad negocios en el país. El destruir valor cuenta negativamente para el crecimiento. Cada vez que se va a hacer una inversión pública o privada, esta debe ser evaluada cuidadosamente. El no hacerlo podría provocar que la tasa de crecimiento, entre otras cosas, termine pagándola. ¿Se habrá evaluado el tren maya? ¿Cómo decir sí o no a dicho proyecto, si nadie tiene información económica mínima sobre el mismo? Si el próximo gobierno en serio desea crecer al menos dos por ciento anual, deberá ser serio y dejar de jugar a la democracia participativa. El famoso tren, para variar, podría muy bien ser el negocio de un nuevo socio de AMLO, antiguamente mafioso del poder.

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