Renacer con un Sentido – Lulú Velázquez

Vida y Sentido

Lulú Velázquez

Ningún ser humano nace triste, amargado o decepcionado. La inocencia la vamos dejando conforme nos adentramos en la vida, al mismo tiempo que vamos adquiriendo diversas experiencias   que dependerá de nosotros lo que hagamos con ellas. Ya sea que las ocupemos para crecer o para tirarnos a contemplar lo desdichado que nos hacen las adversidades, el dolor no debería ser motivo de amargura. Sin embargo, la mayor parte de las veces nuestra complejidad nos hace adoptar este sentimiento. No ha existido en este mundo una sola persona que haya estado libre del sufrimiento. La diferencia la hace la actitud que se tenga. La falta de perdón nos bloquea para seguir en los caminos sinuosos de la vida. Quizás no necesitas perdonar a los demás sino a ti mismo. O ves tan difícil poder resurgir por los errores cometidos en el pasado con quienes has amado. O negar la partida de quien te permitió vivir momentos únicos e irrepetibles. Lo que es una realidad es que tú eres el único responsable de estar así.

 

La complejidad de resurgir

Resurgir es volver a ese momento donde tenías sueños acumulados, una oración de gratitud, un amor que cultivar, un abrazo que corresponder, una música que bailar, un mensaje de perdón que enviar. Se antoja que fuera tan fácil como leerlo- Pero, desgraciadamente, resurgir cuando hemos estado tanto tiempo en un estado muerto en vida, no es nada fácil. Es un proceso con propósito y, como tal lleva, tiempo. Se pasan etapas que debes ir reconociendo y ajustando para poder ordenar ideas y nuevos planes. Dejando a un lado todo aquello que puede obstruirlos. Verlo como un desafío, del cual su recompensa te llevará a encontrar o descubrir tu sentido de vida.

 

El reflejo del sentido de la vida

Cuando encontramos un sentido de vida, se ve reflejado en nuestro rostro. Me gusta un proverbio que dice: El corazón alegre hermosea el rostro (Prov. 15:13). La felicidad es algo que brota de manera natural. Es el reflejo de lo que llevamos dentro y que podemos ofrecer a quienes nos rodean. No es ir por el mundo a carcajadas. La felicidad es cuando puedes sentir paz y, al mismo tiempo, compartirla con todos aquellos que te rodean aun cuando las cosas no van como tú esperabas. No es un estado, es una decisión. Afortunadamente, no depende de lo material. Es un sentimiento que sale de lo más profundo del ser con el toque divino, que va de la mano con el agradecimiento. Cuando eres feliz, eres agradecido. Recibes lo que te está tocando vivir con sabiduría y fortaleza. El sentido de la vida nos permite crear un momento especial, poniendo todos nuestros sentidos en ello. Cada día, el sentido de vida nos hace tener un objetivo. Una razón de ser y estar para dar. Es lo que te sostiene firmemente, para que sigas adelante.

Cuando pienso cómo es el espíritu, me imagino una luz que va integrada en nosotros, acompañada del don que vamos a desarrollar durante nuestra estancia en este mundo y que, muchas veces, vamos a tardar años en reconocerlo y, en otras ocasiones, lo haremos desde muy pequeños. Ese don se convierte en nuestro sentido de vida, el cual va guiado por lo divino. Porque va acompañado de amor y nos regala la libertad para poder eligir la forma en la que lo desarrollaremos. Que nos hará trascender y dejar huella cuando nos marchemos. No te desesperes. Puede ser que alguna adversidad te quitó tu sentido de vida. Pero con voluntad y decisión, es algo que podemos recuperar si lo hemos perdido o encontrar si lo hemos tenido…

Te comparto unas estrofas de un poema de Pablo Neruda, deseando tengas la oportunidad de leerlo completo.

No culpes a nadie

Nunca te quejes de nadie, ni de nada,

porque fundamentalmente tú has hecho

lo que querías en tu vida.

Acepta la dificultad de edificarte a ti

mismo y el valor de empezar corrigiéndote.

El triunfo del verdadero hombre surge de

las cenizas de su error.

Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte,

enfréntala con valor y acéptala.

De una manera u otra es el resultado de

tus actos y prueba que tú siempre

has de ganar..

No te amargues de tu propio fracaso ni

se lo cargues a otro, acéptate ahora o

seguirás justificándote como un niño.

Recuerda que cualquier momento es

bueno para comenzar y que ninguno es

tan terrible para claudicar.

 

Gracias por leerme

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