La angustia (2) – José Contador

Reminiscencias

José Contador

Serían las tres de la tarde cuando sonó el radio, hablaban precipitadamente. Pedían auxilio porque a las puertas de la clínica de Kochol había llegado un señor con diarrea y, no encontrando a nadie, ya no pudo retirarse y se quedó tirado fuera de la clínica, la cual se encontraba cerrada. Poco después, llegó otra persona que también se encontraba tirada fuera de la clínica. La enfermera suplente de la Clínica de Cepeda, cuando escuchó la llamada de auxilio, empezó a angustiarse y a sentir un gran temor y, por momentos, caminaba nerviosamente pensando en lo que podría hacer. Pasados unos minutos, platicó con la voluntaria que la acompañaba para encargarle la Clínica y poder ir a apoyar a Kochol.

Saliendo de la Clínica, decidió ir a su casa para ver si había ahí algún familiar que pudiera prestarle ayuda. Cuando llegó encontró a su tío, el que conducía un taxi. Debo decir que en Yucatán llaman ‘taxi’ a una persona que conduce una bicicleta con una rueda adelante y dos atrás, protegidas por un toldo.

-Tío, necesito tu ayuda.

– ¿De qué se trata?

-Quiero que me lleves a Kochol, porque hay enfermos y nadie que los atienda.

– ¿Estás loca de tu cabeza? Kochol está muy lejos!

-Tío es que no hay nadie y la gente se va a morir.

Al observar la angustia y el motivo de la petición de que la acompañara, el tío decidió apoyarla  y pasaron a la clínica por lo que la enfermera consideró necesario para la atención de los pacientes.

Así, bajo un sol ardiente, iniciaron el viaje. La distancia sería de unos 35 Kilómetros de pedaleo. A medio camino, el familiar tuvo que detenerse por la fatiga para tomar un descanso, después del cual reanudaron el viaje. Llegaron a la Clínica de Kochol pasadas las 6 de la tarde, observando en el exterior de la clínica a 3 personas semiconscientes. La enfermera se dirigió a la Presidencia Municipal. Sabía que el personal tenía instrucciones de dejar ahí las llaves de la clínica cuando, por alguna razón, ésta permaneciera cerrada. Con las llaves, se dirigió a la clínica, la abrió y, con ayuda de algunos señores, traslado a los pacientes a las camas de tránsito, donde empezó a darles tratamiento.

El nivel Central no fue informado de este hecho, sino que, transcurridos un par de meses, se efectuó una visita de supervisión y apoyo a la Delegación, y fue entonces cuando nos enteramos del caso y se nos presentó a  la auxiliar de enfermería de Cepeda, a  quien pidieron que nos contara lo ocurrido.

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