La onomatopeya: Sonidos de la naturaleza como causa de los nombres – Porfirio Tepox Cuatlayotl

Porfirio Tepox Cuatlayotl

Profesor de la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Prenotando

El presente trabajo intenta contribuir en el estudio del campo de las etimologías a partir del uso de la onomatopeya. A través de este camino, esto es, de escuchar los sonidos de la naturaleza como causa de algunos nombres, en los párrafos que siguen, analizaremos cuatro nombres de origen onomatopéyico en distintas lenguas, a saber, gryllus, latín; cocotli, náhuatl;  βοῦς (bous), griego, y mamá, español y otras lenguas.

Introducción

Atendiendo a la definición etimológica de la palabra onomatopeya, en ésta, se integra el sustantivo griego ὄνομα (onoma): nombre y el verbo, también griego, ποιέω (poieo), crear. En este sentido, onomatopeya, es pues, crear nombres.

De manera más específica, en el Diccionario de la lengua española, edición del tricentenario, se apunta que la onomatopeya trata la formación de una palabra por imitación del sonido de aquello que designa.

Por otra parte, Elizabeth Serna señala que la onomatopeya no es propiamente la reproducción de los sonidos de la naturaleza, sino la conversión en palabras de los ruidos naturales que nos rodean.[1]

Sirva como ejemplo de una onomatopeya, el sonido del reloj, esto es, aquel tic, tac, tic, tac, tic, tac que, por causa de la digitalización de esta máquina para medir el tiempo, hoy aparece ya en el recuerdo, y quizá en tiempos venideros, por cierto no muy lejanos, el sonido de esta máquina solo se podrá escuchar en las salas de museos o leer  en los escritos que hayan registrado esta onomatopeya como se ve a continuación:

Clarea
el reloj arrinconado,
y su tic-tic, olvidado
por repetido, golpea.
Tic-tic, tic-tic… Ya te he oído.
Tic-tic, tic-tic… Siempre igual,
monótono y aburrido.

Tic-tic, tic-tic, el latido
de un corazón de metal.

Poema de Un día. Meditaciones rurales, Antonio Machado.

Web

Del gry, gry, gry, gry a la palabra gryllus

Así como el tic, tac, tic, tac del reloj, también han quedado impresas en la memoria histórica las noches mexicanas del siglo pasado, en aquellos años muchas ciudades de México todavía estaban rodeadas por los campos y pequeñas zonas arboladas, hoy son ciudades abrazadas casi en su totalidad por la urbanización exagerada.

Seguramente, aquellos anocheceres, en los cuales la flora y la fauna figuraban en la periferia de los centros urbanos, fueron una plétora del grillar o estridular de los grillos, y de otros sonidos de la naturaleza.

Entonces transcurrían los años cuarenta en la ciudad de México, en aquellos años, en muchos hogares de la república mexicana, los aparatos de radio eran encendidos y sintonizados en la XEW, la cual a manera de convocatoria emitía la rúbrica musical del canto de un grillo muy singular que se sumaba al grillar o estridular de los grillos que habitaban en los campos y las zonas arboladas de la periferia de aquellas ciudades mexicanas, tal como se lee en el siguiente fragmento:

-¿Quién es el que anda aquí?

– ¡Es Cri-Cri! ¡Es Cri- Cri!

– ¿Y quién es ese señor?

– ¡El grillo cantoooooor![2]

Esta rúbrica musical es muy significativa para nuestro propósito que es el análisis de nombres de origen onomatopéyico, pues de acuerdo con lo allí escrito, ésta nos presenta un sonido de la naturaleza, a saber, el sonido que emiten los grillos, el cual, de acuerdo a las fuentes escritas, por un lado, la onomatopeya latina corresponde al sonido gry, gry, gry, gry; y por el otro, la onomatopeya francesa al  cri, cri, cri, cri que concierne a la rúbrica musical ya citada.[3]

Para finalizar este apartado, se nota que sendas onomatopeyas son útiles para nuestro proyecto, pues bien, por una parte, del gry, gry, gry, gry escuchado por los latinos se obtuvo palabra gryllus que pasó a grillo, y por la otra, del cri, cri, cri, cri de los franceses, Francisco Gabilondo Soler dio nombre al personaje musical Cri Cri, y que a su vez inmortalizó con sus múltiples canciones, de las cuales en este escrito solo podemos citar algunas de sobra conocidas como son el Chorrito, la Patita, los Enanos Toreros y el Ratón vaquero.[4]

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Del coco, coco, coco, al nombre cocotli o coquita

Mirar al pasado mexicano, ya lejano, ya reciente, es mirar un mundo sorprendente, el cual en esta sección, que continua con la búsqueda de nombres de origen onomatopéyico, nos conduce a encontrarnos con un ave de tierras mexicanas, que al igual que el grillo Cri Cri, su canto coco, coco, coco también dio origen a su nombre, esta pequeña ave mexicana fue reconocida con el nombre de coquita o coquito. Al parecer, estas aves tienen semejanza con las aves conocidas como tortolitas, de la familia de las columbiformes, asimismo consideramos que son las mismas aves que Fray Bernardino de Sahagún registró en su Historia General de las Cosas de Nueva España tal como se muestra en el siguiente fragmento:

“Hay unas avecillas en esta tierra que se llaman cocotli, y todos los españoles las llaman tortolillas, no son tan grandes como las de Castilla, pero son de aquel color; son bajuelas tienen las alas rubias, son pintadillas, tienen la pinta muy lisa, tienen los pies colorados y bajuelos, llamánse cocotli,  porque cuando cantan dicen coco, coco, comen semillas de las hierbas y también chian; no se casan más de una vez, y cuando muere uno el otro siempre anda como llorando y solitario, diciendo coco coco. Dicen que la carne de estas aves comida es contra la tristeza. A las mujeres celosas danles a comer de estas aves para que olviden los celos, y también (a) los hombres.[5]

Fue precisamente este sonido coco, coco, coco, el que sugerimos en el inicio de este apartado que dio nombre a los coquitos,  coquitas, cocotli o cocotin, avecillas que en su mismo nombre portan su canto. No deseamos agregar más sobre el origen onomatopéyico de estas aves, pues consideramos que el fragmento de Fray Bernardino de Sahagún ha sido claro en lo que corresponde al origen de este nombre.

Mas queremos aprovechar la información aquí expuesta, y dar una nota más, ya que a esta ave mexicana también se le puede llamar el ave de los enamorados, pues como lo cita Sahagún solo se casan una vez y cuando una de ellas falta el otro o la otra, solitario o solitaria anda llorando y diciendo coco, coco, coco.  De su lealtad y de sus multiples muestras de cariño de las columbiformes llamadas tortolitas, entre las que se incluye la cocotli, nace la muy conocida expresión: “andan como dos tortolos enamorados”.

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Del buuu buuu y del booo boo al βοῦς (bous) griego y bos latino

Definitivamente, los recuerdos de la infancia, de los cuales no se puede evitar cierta nostalgia, para los que crecimos en zonas rurales de México que han pasado a ser zonas urbanas, nos traen a la memoria aquellos años en los cuales se vivía poco dentro de la casa y mucho fuera de ella, bajo un cielo muy soleado,[6] aquellos años en los cuales los rebaños transitaban entre las calles de tierra con árboles y animales silvestres en abundancia; aquellos años en los cuales la lluvia y el calor se hacían sentir con plena eficacia, fueron los años en los cuales se vivía en una ciudad inserta en la naturaleza, no en una naturaleza inserta en la ciudad como lo es hoy,[7] fueron los años en los que el lenguaje pendía de la naturaleza, y, de manera más específica, como lo hemos mostrado en el desarrollo de este trabajo y en otros, los sonidos de la naturaleza, las formas y los contenidos de las cosas fueron origen de una gran cantidad de palabras.

Sirva como ejemplo del párrafo antes expuesto el sonido que emiten los toros, las vacas y los bueyes, el cual para los griegos debió escucharse buuuu buuuu o boooo boooo, del cual  dieron origen al nombre βοῦς (bous)βοóς (boos) que significa buey, toro, vaca. Por su parte, de la onomatopeya boooo boooo de estos animales, sugerimos que los latinos construyeron la palabra bos, con los significados de buey y toro.

Otro sonido que también emiten estos animales y que es conveniente exponer, es el de muuuu, muuuu, muuuu que ha sido la causa del verbo latino mugire y del verbo español mugir que es la forma de nombrar la voz del toro y la vaca.

A manera de conclusión  de este apartado solo queremos insistir, con fundamento en el ejemplo antes expuesto, que en un mundo rodeado por la naturaleza, ella misma es el antecedente de un lenguaje consecuente, esto es, del buuuu buuuu al βοῦς (bous) y del boooo boooo al bos.

Del am, am, am, am del amamantar a la palabra mamá

Para finalizar la revisión de los nombres de origen onomatopéyico, en este trabajo presentamos la palabra mamá. La razón que nos motiva a la revisión de esta dicción es que en repetidas ocasiones cuando se pregunta ¿qué significa la palabra mamá? Se contesta con el mismo vocablo que se interroga, esto es mamá, lo cual nos lleva a una tautología.

Ahora veamos, para iniciar la búsqueda del origen de la palabra mamá, mamma, μάμμη (mamme), en español, latín y griego, respectivamente, baste observar y escuchar la manera en que las mamás de la clase de los mamíferos, a saber, una cebra, una loba, una yegua, amamantan a sus potrillos o cachorros, respetivamente. Es conveniente incluir en este grupo, con su respectiva especificación, a las mamás humanas, pues desde su dimensión natural, también amamantan a sus bebés.

Después de escuchar el sonido del amamantamiento de los cachorros y potrillos de los mamíferos, y de los bebés de las mamás humanas, esto es, am, am, am, am, am, sugerimos que esta onomatopeya es el antecedente del nombre mamá. Por esto proponemos que la palabra mamá de manera literal significa alimento, y por extensión, elemento de sustentación vital.

En este sentido, mamá y papá al complementarse nos dan la vida, asimismo, la sustentan, debido a esto consideremos que la vocación de los padres es, subrayamos, ser elementos del origen de la vida de los hijos y de su sustentación.

Conclusión     

En nuestro paseo por este fragmento de la naturaleza, encontramos que existe una gran cantidad de sonidos que provienen de los seres vivos, debido a ello aquí hemos expuesto algunos sonidos como son la voz del gryllus, de la cocotli, del buey, del toro y de la vaca, asimismo, el sonido del amamantar de los mamíferos y de las mamás humanas, de donde proponemos que se deriva una de las palabras más hermosas y vitales de la historia del hombre, a saber, mamá.

De tal forma, también consideramos que únicamente hasta que interviene el hombre, los sonidos de la naturaleza pasan a ser onomatopeyas tal como lo apunta Elizbeth Serna: onomatopeya, no es la reproducción de los sonidos de la naturaleza, no es una mera mimesis de estos sonidos, onomatopeya es la conversión de ruidos naturales en palabras.  Conversión que solo puede realizar el ser humano, pues como ya ha sido expuesto por Aristóteles, el ser humano es el único, entre los animales, que está dotado de palabra.

Es así que la capacidad de palabra, le permite al hombre, capturar los sonidos de la naturaleza y darles un contorno, asimismo, en la palabra, insertar sus pensamientos y sus sentimientos, tal como se expuso en los cuatros ejemplos de este trabajo.

[1] Serna M. Elizabeth, Temas complementarios de español y redacción, México, Universidad Pontificia de México, 1998.

[2] Gabilondo Soler Francisco, Cri Cri, canciones completas, México, SEP/Editorial Clío, 2004.

[3] Ídem.

[4] Ídem.

[5] De Sahagún, Fr. Bernardino, Historia general de las cosas de Nueva España, Numeración, anotación y apéndices de Ángel Ma. Garibay K., México, Editorial Porrúa, 2013.

[6] Soustelle, Jacques, La vida cotidiana de los aztecas en vísperas de la conquista, México, Fondo de Cultura Económica, 1996.

[7] Marías, Julián, Introducción a la filosofía, Madrid, Biblioteca de la Revista de Occidente, 1976.

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