Justino Cortés Castellanos, precursor de los estudios novohispanos – Juvenal Cruz Vega

Juvenal Cruz Vega

Director general

Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz

Correo electrónico: juvenal_cruzvega@yahoo.com.mx

Prenotando

Conocí al doctor Justino Cortés Castellanos en octubre de 1989, justamente cuando yo me iniciaba en las humanidades clásicas en el Seminario Palafoxiano de Puebla. Allí el padre Filogonio Sánchez Castillo en sus cátedras de filosofía hablaba de él con tanta belleza y armonía, cuando expresaba que el sacerdote deber ser el promotor de la cultura en todos los ámbitos de la sociedad, y ponía como ejemplo al padre Justino Cortés, destacando sus cualidades de hombre, sacerdote y maestro: Benevolente, espiritual, estudioso, servicial y trabajador.  Por su parte el doctor Guillermo Hernández Flores lo colocaba como uno de los precursores más destacados de los estudios novohispanos. El padre Sergio Fuentes Gutiérrez, cuando disertaba sobre la importancia de estudiar la gramática española y cuando aludía a la “Gramática española” de Elio Antonio de Nebrija, hablaba del estilo ático del español del doctor Justino Cortés y nos deleitaba con la lectura del prólogo a la tesis doctoral del padre Justino Cortés con la pluma del eminente español, doctor Ignacio Tellechea Idígoras, investigador numerario y emérito de la Pontificia Universidad de Salamanca.

En la Universidad Pontificia de México conocí numerosos comentarios y testimonios de trabajos destacados sobre el doctor Justino Cortés Castellanos. Uno de los más notables es del Padre Jesuita Francisco Ramírez Meza al escribir una reseña sobre la tesis doctoral de nuestro autor y al referirse a cada uno de los glifos que descifró: “El Padre Cortés tuvo la paciencia de estudiarlos y darnos su significado en esta obra que mereció la calificación SUMMA CUM LAUDE. Además, la misma Universidad Pontificia de Salamanca le concede por esta obra el PREMIO EXTRAORDINARIO FIN DE CARRERA de la Facultad de Teología. Así lo afirma el Secretario General José Sánchez Vaquero, quien rubrica su testimonio, el 19 de febrero 1985”.

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El Catecismo en pictogramas de Fr. Pedro de Gante

Con el tiempo pude ir teniendo un acercamiento más estrecho con el maestro, al grado que hemos llegado a ser excelentes amigos. La relación de maestro y discípulo pronto se convirtió en sabiduría y en vida. Siempre que nos encontramos hay algo qué decir, él sabe que yo quiero preguntarle algo y yo intuyo que él puede responderme con libertad y sin prejuicios.

Así surgió la idea de una conversación, de un diálogo, de un coloquio, de una homilía, de una entrevista, de una investigación. Sobre el padre Justino Cortés se ha hablado mucho en el ámbito eclesiástico y universitario, más en el ámbito literario. Unos lo llaman humanista, otros lo llaman filósofo, algunos novohispanista, debido a sus estudios de las lenguas clásicas lo llaman latinista o helenista, y algunos que conocen su obra literaria más fuerte lo llama historiador y nahuatlato, otros más lo llamaban maestro, algunos lo llaman doctor por su grado académico, y la mayoría lo llama por su vocación sacerdotal, simplemente y así de sencillo, padre Justino.

En 1994, después de retirarme del seminario y sobre todo, luego de comenzar a leer su obra, ya en el entorno universitario me di cuenta de la importancia que tiene este autor para los estudios de humanidades, de metodología, literatura, antropología, pedagogía, filología, letras  y  de las reformas de educación en distintas naciones.  Desde ese año trabé una amistad muy estrecha con él, por lo cual puedo decir que he conocido su obra de cerca y de primera mano. Asimismo he recibido inmerecidamente deferencias de su parte y el conocimiento de una gran porción de comentarios y estudios sobre su propio pensamiento. Eso me ha permitido verificar muchos datos que ya antes mis maestros y otros investigadores, incluyendo el propio Justino Cortés Castellanos me han comunicado.

Por eso, lo que yo pienso del doctor Justino Cortés Castellanos, he querido hacerlo con un encomio en latín como se hacía en otros tiempos, cuando había mayor amor y sabiduría a la cultura y a la educación.

Ita ergo, cari amici, hodie est dies natalis magni Domini – “Felix dies natalis tibi, oh Domine¡”

Hic et nunc totam vitam celebratum pervenimus; est vita singularis Eri apud Deum et homines, praesertim quando originem ac historiam eiusdem hominis certitudine scimus.

Ecce homo – vir sapiens – ut Marcus Tullius Cicero dixit: “vir sapiens semper beatus est”.

De vita cuiusdam viri dicitur, cui familia copiosa ab aliqua peculiari stirpe descendit, quae habitat, palpitat et numero continuo auget; est vita hominis, quae nobis memoriam deponit versiculi biblici evangelistae Lucae, cum olim sic scripxerat: “ Et Iesus proficiebat sapientia, aetate et gratia apud Deum et homines”.

Hic vir, qui cum historia est homo, natus inter populi homines, nam  ut sui amici dicere solemus, traditionem  nostram sequendo: “noster venustus Erus est validus ut alicuius arboris stirps”. Quapropter textum Marci Tullii Ciceronis legendum est ut vitam beati viri memoretur ut sequitur: “Historia verō testis tempŏrum, lux veritātis, vita memoriæ, magistra vitæ, nuntia vetustātis. Dē Oratōre 2, 36.

Cari amici, eo die invocationem  facere nolo, ut Antiqui Romani agere solebant, quando suos deos invocabant. Nam locuturus sum uti humanista, ipse patriae amans, atque Dei et hominis. Et ideo in oculis omnium, mihi mutua gratulatione et recognitione ostendere fungor.

Hodie praesertim ante vos, carissimos amicos et communitatem cunctam et ipsum Dominum, vobiscum formosum versum Latinum Poetae Martialis sic partiar: “Laudat, amat, cantat nostros mea Roma libellos, meque sinus omnes, me manus omnis habet. Ecce rubet quidam, pallet, stupet, oscilat, odit. Hoc volo: nunc nobis carmina nostra placent”.

Etiam ad casum convenit audire periodum pulchrum Auli Gelii, quia magistrali ratione nobis classici humanismi traditionem ostendit, unde in suis “Noctes Atticae” XIII, 17, 1-3  ipse auctor Latinus magna peritia sic retulit:

“Qui verba latina fecerunt quique his probe usi sunt humanitatem non id esse voluerunt quod vulgus existimat quodque a Graecis φιλανθρωπία dicitur et significat dexteritatem quandam benivolentiamque erga omnis homines promiscam, sed humanitatem appellaverunt id propemodum quod Graeci παιδείαν vocant, nos eruditionem institutionemque in bonas artes dicimus. Quas qui sinceriter percupiunt adpetuntque hi sunt vel maxime humanissimi. Huius enim scientiae cura et disciplina ex universis animantibus uni homini data est idcircoque humanitas appellata est.

Hodie magno gaudio tibi dicam: “Felix dies natalis tibi”. Carissime Domine, gratias tibi maximas ago, ob tuam magnam erga me benevolentiam. Benedicat tibi Dominus et custodiat te in omnibus viis tuis. Ostendat Dominus faciem suam tibi et misereatur tui. Convertat ad te Dominus vultum suum et sempiterna tibi pacem det”.

Etiam libentissime tibi laudes matutinas cano:

Ecce laudes matutinas
Quas cantabat David rex
Ad personas tam divinas
Hic nunc cantabitur prex.

Exsurge, dilecte, exsurge
Vide: surrexit sol iam,
Iam cecinerunt volucres,
Lunaque occultata est clam (bis).

Ad multos annos vivas.

Iterum tibi dico:

“Felix dies natalis tibi.

Felix dies natalis tibi.

Felix dies natalis Domino.

Felix dies natalis tibi.

Ἡμέρα εὐδαίμων γενέθλιά σοι.

Ἡμέρα εὐδαίμων γενέθλιά σοι.

Ἡμέρα εὐδαίμων γενέθλια Κυρίῳ

Ἡμέρα εὐδαίμων γενέθλιά σοι.­­

Dixi. Maximas gratias ago.

El padre y poeta poblano Filogonio Sánchez Castillo y el doctor Justino Cortés Castellanos
El padre y poeta poblano Filogonio Sánchez Castillo y el doctor Justino Cortés Castellanos

Fragmentos de la conversación con el Dr. Justino Cortés Castellanos

A más de veinte años de estudiar su obra y de dialogar con él durante este tiempo y con verdadera satisfacción, pongo a la luz algunos fragmentos de la entrevista que le he venido realizando; ello constituye una muestra del diálogo nutrido y sugerente que he tenido con el doctor Justino Cortés Castellanos.

  1. Comencemos esta conversación con algunos datos biográficos sobre usted, padre Justino Cortés, ¿qué recuerda de su infancia en Santa Rita Tlahuapan?

Justamente en Santa Rita Tlahuapan muy cerca del volcán Iztaccíhuatl, al poniente de la ciudad de Puebla, nací el 16 de mayo de 1933.  Mis padres fueron José Cortés Vargas e Irene Castellanos Muñoz. Soy el quinto de diez hijos de familia. Me pusieron por nombre Justino, porque heredé el nombre de un hermano mío, quien falleció siendo un niño. Mis hermanos del mayor al menor  son: Heriberto, María Luisa, María, Guadalupe, José, Justino, Esperanza, Braulio y Lidia.

En Santa Rita comencé a realizar mis estudios de primaria, mi primer profesor se apellidaba Haseña Alonso, era el director de la escuela, y fue quien me impulsó por primera vez al estudio. Así comencé a estudiar, me dio mucho gusto emprender los estudios de educación elemental, en ese tiempo había una profesora que se llamaba Celia, me tomó muy en cuenta y ella personalmente me enseñaba y me ponía al corriente en las demás asignaturas, y tanto fue mi amor al estudio que desde entonces tuve dedicación.

En ese tiempo había concursos de todas las escuelas del estado de Puebla, recuerdo un concurso estatal que se llevó a cabo en Huejotzingo, se le ocurrió al director de la escuela que yo concursara, no por el primer año en el que estaba, sino con alumnos de cuarto y quinto, ahí obtuve el primer lugar, cuyo premio fue una bolsa de canicas, ya no guardo ninguna de ellas y vaya, así comenzó mi estudio.

  1. ¿De qué modo combinaba la vida del campo con los estudios allá en Santa Rita Tlahuapan?

De niño no me gustaba estudiar, prefería ir al campo con mi papá y como lloraba a menudo cuando me llevaba a la escuela, consideraba que era mejor ir al campo. Pasé tres años sin ir a la escuela, y con el tiempo se dio mi paso al estudio.

Motivado para el estudio, debido a la insistencia de mi maestro, había que continuar el proceso, pero en Santa Rita no llegaba la escuela a sexto, sólo hasta el cuarto año de primaria, y como tenía que salir a estudiar fuera buscamos algunas posibilidades; además no había los recursos económicos. Por su parte, el maestro Haseña Alonso, sabiendo que tal vez yo tenía cualidades para el estudio, habló con mi papá para decirle que él se encargaría de mi educación, sólo que me tenía que traer a Puebla, para que yo viviera en su casa e hiciera la secundaria y luego la carrera, pero mi papá era un hombre muy religioso y tenía cercanía con el párroco de mi tierra lo cual influyó mayormente.

El padre al saber que este profesor quería darme educación, consideró que no era necesario, pues él podía ver otra opción. Así llegué a la Escuela Apostólica de Ocotlán, Tlaxcala, que era como una primaria, estuve un año y de ahí pasé al seminario menor en San Pablo Apetatitlán, pues a mi papá le pareció mejor el ofrecimiento del párroco. Así, pues, acabando prácticamente el cuarto año de primaria, llegué a san Pablo, allí se preparaba a los niños que iban a entrar al Seminario Menor, y acabado ese año, a los que teníamos mejor promedio nos pasaron directamente al seminario, otros se quedaron un año más para madurar la decisión.

El padre Justino Cortés Castellanos siendo seminarista
El padre Justino Cortés Castellanos siendo seminarista
  1. Voy entendiendo que al reunir los estudios que hizo en Santa Rita Tlahuapan y en la escuela Apostólica de Ocotlán, usted realizó la primaria, luego la secundaria en San Pablo Apetatitlán, ¿es ahí donde usted tiene un encuentro con las humanidades clásicas, qué recuerda de esta parte?

En efecto, de Ocotlán pasé al seminario menor de San Pablo Apetatitlán, estudié un año con mucha dedicación y disciplina, allí me encontré con el padre Moisés Oropeza Reyes, era un hombre bueno y muy preparado académicamente. Como puede constatarse con muchos testimonios en distintas épocas, fue un verdadero padre para todos los que ingresamos al seminario, además nos trataba bien, nos enseñaba correcta y ordenadamente.

Así, pues, como te he dicho, ingresé al seminario a la edad de 11 años, y de mi encuentro con el padre Moisés Oropeza resultó mi gusto por las lenguas clásicas, con él estudié latín y griego, no obstante debo confesarlo, me deleitaba más estudiar griego que la misma lengua latina, el padre Oropeza dominaba a la perfección las dos lenguas, y eso facilitaba el entusiasmo de los alumnos.

  1. Por supuesto, de san pablo pasó a la ciudad de Puebla con una idea más clara de lo que significa estudiar, ¿cómo fue esa experiencia?

Así es, de san Pablo Apetatitlán, Tlaxacala,  pasé al seminario a la ciudad de Puebla, donde realicé los estudios de latín, así se llamaba en el plan de estudios, eran tres años de humanidades clásicas– humanitatum classicarum.

El cuarto año de latín era especial por su profundidad académica, esto es, una preparación para pasar al seminario mayor. En ese año de latín ya había más práctica para hablar la lengua latina y para comprender de una forma sistemática el estudio de la lengua griega. Pues estudiábamos la gramática latina con mucha profundidad y con los mejores autores de la latinidad, desde la fonética, la prosodia, la morfología, la analogía, la sintaxis, la estilística, la oratoria, la literatura y la poética.

A menudo los profesores interrumpían la clase para que nosotros pudiéramos conversar en la lengua latina, a pesar de que se le daba más importancia al latín, mi gusto por la lengua griega era muy singular. No sé por qué, pero como que no nada más a mí, sino también a mis compañeros, nos gustaba más el griego que el latín. Se debe al interés y a la paciencia que el padre Oropeza nos tenía, además de la clase, luego nos invitaba a su habitación para darnos clases personalizadas y aún en recreos, iba con nosotros y nos hablaba en latín y entre juego y plática había práctica interactiva de latín, a veces los jueves que era día de descanso hacíamos un taller entre quienes disfrutábamos el estudio.

  1. Considera que desde muy temprano tuvo cualidades para el estudio ¿hubo alguna otra experiencia que lo impulsó a continuar sus estudios, y sobre todo, el amor a la filosofía?

Recuerdo algo significativo sobre la filosofía. Éramos todavía estudiantes de humanidades, pero teníamos compañeros mayores que estudiaban filosofía y teología, separados de nosotros, allí escuchábamos hablar con tanto entusiasmo a los filósofos y a los teólogos, tanto, que ya queríamos terminar pronto los estudios de latín y griego para estudiar filosofía. Tengo un dato digno de recordar, sin saber filosofía, ya todos sabíamos qué era la filosofía, todavía recuerdo la definición que se daba entonces, y es la siguiente. “Philosophia est scientia omnium rerum per causas ultimas naturali ratione lumine comparata”.

Todos sabíamos la definición de filosofía, porque era mucho el deseo de saber su totalidad, ¿qué cosa es la filosofía? Era una cosa muy rara y atractiva, todavía para mucha gente de hoy al hablar de la filosofía, es hablar muchas cosas raras, estudiar las cosas que no se entienden y pienso que es la tesis contraria. Porque, el que sabe la filosofía, es quien conoce mejor las cosas, así es.

Ahora recuerdo también a uno de mis profesores que enseñaba filosofía en Roma, en la Pontificia Universidad Gregoriana durante mis estudios de la licenciatura en filosofía nos decía: “no porque soy claro no soy profundo; al contrario soy profundo porque soy claro, aquellos que no son profundos hablan mucho y los que son profundos hablan poco. Aquí se puede aplicar a los autores de libros: un buen libro no se escribe con frecuencia con muchas palabras, se escribe con pocas, si los escritores se propusieran tratar un tema con menos palabras, habría libros  más sencillos, más humildes, y cuántas veces al leer un libro de lujo no es tan importante como leer un libro popular.

El arzobispo de Puebla Monseñor Rosendo Huesca Pacheco y el Dr. Justino Cortés
El arzobispo de Puebla Monseñor Rosendo Huesca Pacheco y el Dr. Justino Cortés
  1. Hay un discípulo suyo, el padre Guillermo Hernández Flores. Yo me siento muy contento, cuando me reconoce como uno de sus discípulos más cercanos ¿Pero usted, puede comentar alguna nota sobre la personalidad de uno de sus discípulos más cercanos ?

A mí me honra tomarlo como una bendición, haber tenido como uno de mis más grandes discípulos al padre Guillermo Hernández Flores. Él viene de una buena generación de personajes de Ciudad Serdán, pues me recuerda a los padres Tritschler y Córdova, al padre Aurelio Mendoza, y a otro muy cercano de su tierra, al padre Alberto Mendoza Bedolla, quien llegó a ser el primer obispo de Campeche y un gran ex alumno del Seminario Palafoxiano. El padre Guillermo, aunque no salió de la Previa ni de ninguna de las Escuelas Apostólicas como se acostumbraba, traía una buena formación, que generalmente se lograba en las escuelas mencionadas, ya que los alumnos tenían buenos profesores y por eso anhelaban llegar pronto a la filosofía, porque ya sabían definirla y conceptualizarla.

El padre Guillermo suplió esta parte al tener una formación directa con uno de los hombres más preparados de los últimos años de la Universidad Católica Angelopolitana, el padre Eduardo González Fuentes”.

Me llena de alegría ver algunos de sus libros publicados. También saber que es uno de los pensadores mexicanos de nuestro tiempo de mayor renombre en la línea de la filosofía mexicana. Es respetado y admirado entre pensadores grandes como el doctor Mauricio Beuchot, el doctor Guillermo Hurtado y el doctor Mario Magallón Anaya.

También te agradezco a ti, porque me has acercado a la lectura de su obra. Ojalá algún día toda su obra sea publicada, especialmente sus trabajos inéditos sobre la filosofía náhuatl, ya que son de mucha utilidad para comprender la vida de los pueblos originarios en los que tanto he insistido como humanista y como catequeta.

  1. Usted ha sido uno de los humanistas grandes del Seminario Palafoxiano, mi pregunta es conforme a la latinidad, ¿qué puede considerar al respecto?

La lengua latina es la lengua oficial de la iglesia y es el instrumento más bello de la literatura y del legado de Roma. Mi maestro el padre Moisés Oropeza decía que el latín es el genio de la lengua- Lingua Latina iuxta eius genium pulcherrima est.

Esta bella lengua forma la mente del hombre, por eso es recomendable aprenderla desde muy pequeño, porque siendo niño se puede practicar mejor el arte de la nemotecnia. Más aún, se puede aprender la ciencia de la lengua sin prejuicios.

El estudio completo de la lengua latina debe ser de tres modos: hablándola, escribiéndola y traduciéndola. Hablando latín se van mejorando otras partes del conocimiento. Se pueden utilizar todos los recursos que se tengan a la mano: jugando, caminando, escribiendo, leyendo, repitiendo, cantando y rezando. Utilizando la memoria es una excelente estrategia. Por ejemplo podemos aprender frases célebres, conceptos, definiciones, títulos de obras, fragmentos de autores, chistes, cuentos. Todo esto es una buena fuente para construir una conversación en latín, y sobre todo, para que al hablar latín se haga de una forma académica, tal como debe ser un profesor en el aula.

El doctor Justino Cortés y el Cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Oviedo España
El doctor Justino Cortés y el Cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Oviedo España
  1. ¿Qué recursos recomienda para profundizar el estudio de la lengua latina?

Por ejemplo, cuando estudiamos algún fragmento de Marco Tulio Cicerón “Sobre los oradores”: Historia est testis temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vitae, nuntia vetustatis”.  Se puede agregar una nota del siguiente modo: “Sed nos Mexicani saepe non boni discipuli sumus”. Esto permite entender la lengua y hacer construcciones y no sólo repetirla. Hay que aportar algo al conocimiento universal.

También se puede jugar con la rima latina. Por ejemplo cuando se habla de la amistad, tengo un texto en la memoria: “Amici amici mei sunt quoque mei amici et inimici amici mei sunt etiam mei inimici”.

Cuando se inicia a hablar latín y uno responde con cuál maestro estudia uno, podemos decir de este modo: Saepe magister Terentius in schola mihi Latinam linguam ostendit, at quandoque plurima me docet magister Donatus. De otro modo es: Nomen magistri mei Latine est Terentius. Et nomen alii magistri mei Donatus est.

Para decir la expresión “estudio la lengua latina” o “estudio las lenguas clásicas”, suele usarse alguno de los verbos siguientes: studere, scire, discere, sequi, en sus respectivos tiempos. Por ejemplo: in Pontificio Seminario Palafoxiano cum patre Alfonso Reyes litteras classicas sequor, o simplemente Latine disco, si lo que se está estudiando es griego se dice: Graece studeo.

El doctor Justino Cortés, sentado y de pie el doctor Arturo Mota, el maestro Juvenal Cruz y el padre Francisco Soriano
El doctor Justino Cortés, sentado y de pie el doctor Arturo Mota, el maestro Juvenal Cruz y el padre Francisco Soriano

Con el padre Moisés Oropeza decíamos alguna frase en latín y al instante nos invitaba a los autores latinos, ya clásicos, ya cristianos, o bien, a través de la conjugación verbal nos invitaba a crear. Recuerdo por ejemplo una de las expresiones del miércoles de ceniza: “memento, homo, qui pulvis es et in pulvere reverteris”. (hombre, recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás). A partir de los textos, uno puede hacer construcciones o incluso puede mejorar la conversación latina. Por ejemplo usamos el verbo en imperativo memento y mementote y con estos se puede hacer ejercicios de los pronombres: mei o me, genitivo o acusativo. Cuando una persona se despide en lugar de decirle: vale, bene ambula, puede decirle: memento mei. (recuérdame) o a varias personas mementote mei.

También se puede jugar con las palabras haciendo un poco de sátira. Por ejemplo al hablar de jesuitas que tanta fama tuvieron en algún tiempo. Podemos decir lo siguiente:

Rubicundus erat Iuda, sed tamen societatis Iesu erat.

Si cum Iesuitis itis, non cum Iesu itis.

Duae societates Iesu sunt. Prima societas animalium, quando natus est. Et secunda societas latronum, quando mortuus est.

Recuerdo que estudiando en el seminario era muy común la construcción en el aula, cuando uno quería ir al baño, uno de nuestros compañeros solía decir de broma: ¿del uno o del dos? Y en latín decía de este modo: Vado facere unum. Vado facere duo. Y nosotros podíamos agregar la interrogante para ir al baño: ¿possum, pater?

También conservo un pensamiento hermoso. Es una paráfrasis latina inspirada en san Juan evangelista que nos hace pensar que una obra seria se entiende con mayor ahínco hasta la vejez. Y se lee del modo siguiente:

Cum iuvenis eras te ipsum cingebas, cum autem senex fueris alter te cinget.

Dicha oración fue recogida por mi maestro monseñor Anselmo Zarza Bernal, quien fue obispo emérito de León, Guanajuato. Está inspirada en Jn. 21, 15-18.

El escultor Ernesto Vega Álvarez, discípulo destacado del doctor Justino Cortés
El escultor Ernesto Vega Álvarez, discípulo destacado del doctor Justino Cortés
  1. La lengua latina se puede utilizar para fortalecer los estudios, o sólo se estudia por cuestiones religiosas como suelen decir algunos al referirse despectivamente, cuando aluden a los estudios de latín en la vida eclesiástica. ¿Qué piensa usted de esta tesis y qué puede compartir a los universitarios de nuestro tiempo?

El testimonio de la iglesia ha sido claro al utilizar la lengua latina. En latín se escribieron distintos géneros: la filosofía cristiana y la teología, la filosofía patrística (la latina) y la escolástica. La liturgia, el canto gregoriano; gran parte del magisterio de la iglesia, y sobre todo, el derecho canónico. También los autores cristianos fueron grandes maestros, poetas, gramáticos, filósofos y teólogos.

En la tradición novohispana hallamos muchos testimonios como puede constatarse en las fuentes literarias. En Puebla se encuentran algunas bibliotecas dignas de mención con abundantes testimonios, por ejemplo la Biblioteca Palafoxiana, la Biblioteca José María Lafragua, La Biblioteca Franciscana y la Biblioteca del Seminario Palafoxiano.

Algunas de las bellezas de Puebla son las inscripciones latinas que figuran en algunos lugares célebres de la ciudad. Por ejemplo el lema de la fundación de Puebla. “Angelis suis Deus mandavit de te ut custodiant te in omnibus viis tuis”. Todas las iglesias antiguas están llenas de inscripciones muy hermosas y con buen latín. Una de las más leídas y comentadas se refiere a Nuestra Señora de Guadalupe, ante la cual el Papa Benedicto XIV (1740-1758) exclamó las palabras del Salmo 147,20: “Non fecit taliter omni nationi: No hizo cosa igual con ninguna otra nación”.

El doctor Justino Cortés y la lingüísta norteamericana Nicole Theresa Hughes
El doctor Justino Cortés y la lingüísta norteamericana Nicole Theresa Hughes

Hay una inscripción latina muy hermosa que está publicada en mi libro “Justo García, un sendero de luz y alegría”. Es la misma inscripción que está puesta en la lápida de la tumba de aquél “florellino messicano”, nacido en Jonotla, Puebla y muerto en Roma. Seminarista Palafoxiano y alumno destacado del Colegio Pío Latinoamericano.  Quiero dictártela de una forma bilingüe, y que sea escrita con letras mayúsculas tal como se encuentra en el manuscrito original y en la lápida, y se dice del siguiente modo:

JUSTUS GARCIA

MEXICANUS E DIOECESI ANGELORUM INTER SODALES COLEGII P. L. AMERICANI PIUS COMIS INNOCENS AD EXEMPLUM DIUTINO MORBO PATIENTER TOLERATO

QUO FUERAT A PHILOSOPHIAE STUDIIS ABSTRACTUS

IN PACE CHRISTI REQUIEVIT

ANNOS NATUS XXIII

IV KAL. MAI. A. D. MCMXXII.

JUSTO GARCÍA

MEXICANO DE LA DIÓCESIS DE LOS ÁNGELES

ENTRE LOS COMPAÑEROS DEL COLEGIO P. L. AMERICANO

PIADOSO, AMABLE, INOCENTE, EJEMPLAR

DESPUÉS DE SOPORTAR PACIENTEMENTE UNA PROLONGADA ENFERMEDAD

POR LA CUAL FUE ARREBATADO DE LOS ESTUDIOS DE FILOSOFÍA

EN LA PAZ DE CRISTO DESCANSÓ

A LA EDAD DE XXIII AÑOS

18 DE ABRIL DEL AÑO DEL SEÑOR MCMXXII.

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Justo García, un sendero de luz y alegría

Es digno de apuntar que los clásicos y los autores cristianos pueden utilizarse de fortalecimiento para fundamentar las lecciones de latín. Por ejemplo cuando se habla del complemento circunstancial, se comprende más con las notas de la filosofía clásica, porque se pueden apreciar diversas clases de complementos al recordar las siete notas individuantes que nos recuerda la dialéctica clásica, es decir: “forma, figura, locus, tempus, stirps, patria et nomen. Haec ea sunt septem, quae non habet unus et alter”.

Los complementos circunstanciales pueden construirse en los autores latinos con preposición y sin preposición. Puede constatarse en el siguiente texto de Quinto Horacio Flaco:

Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit agresti Latio.

  1. Ahora que menciona el lema de la ciudad de Puebla “Angelis suis Deus mandavit de te ut custodiant te in omnibus viis tuis”, ¿puede concedernos algún comentario al respecto?

Algunos comentarios son dignos de mención. Este pensamiento es el lema del escudo de armas de la ciudad de Puebla. Es atribuido al rey Carlos V y lo puedo traducir del siguiente modo: Dios mandó a sus ángeles alrededor de ti para que te cuiden en todos tus caminos.

La preposición latina “de” que exige ablativo la relaciono con la preposición griega περί con genitivo. Le doy un sentido locativo: alrededor de ti. Y es el sentido original y el símbolo que tienen los ángeles al estar alrededor de la ciudad. Es la alusión más antigua en puebla y desde allí se aprecia la necesidad de un periférico en la ciudad de Puebla.

  1. Usted ha aludido a una de las fuentes de la lengua latina: la música. ¿Le llama la atención alguna composición que sea significativa para usted?

Hay un canto muy hermoso que tiene una profundidad teológica. Es de santo Tomás de Aquino y lo canta Andrea Bocelli entre otros. Se llama “Panis angelicus”. Es un himno a la eucaristía y trata de la plenitud de la revelación a través de Jesucristo, por esta razón la expresión latina “Dat panis coelicus figuris terminum”.  En español dice así: “El pan celestial da fin a las figuras”, esto es, que la revelación divina a través de Jesucristo da plenitud a las figuras de la revelación del Antiguo Testamento, como los acontecimientos, la suerte, los sueños, las adivinaciones, los profetas y las profecías. El texto latino es el siguiente:

Panis angelicus

Fit panis hominum

Dat panis coelicus

Figuris terminum

O res mirabilis¡

Manducat dominum

Pauper, servus et humilis.

El doctor Justino Cortés y el maestro Roberto Carlos Pavón
El doctor Justino Cortés y el maestro Roberto Carlos Pavón
  1.  En la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, cuando hablamos del método ecléctico analógico del cual también usted forma parte junto con Mauricio Beuchot, Guillermo Hernández Flores, Fernando Nieto Mesa, Tarsicio Herrera Zapién, entre otros autores de México y del extranjero. El orden es el siguiente: ortología, traducción, estructura lógica y sintáctica, vocabulario y recapitulación. Mi pregunta es la siguiente: ¿puede agregar algo más a lo dicho?

En primer lugar te felicito por esta iniciativa, porque la Academia de Lenguas Clásicas ya tiene un método propio. Ahora hay que ir profundizando cada una de las partes para que la enseñanza tenga conocimiento, interdisciplinariedad y criticidad. Por ejemplo cuando se habla de ortología hay que insistir en la nemotecnia, porque una lengua se aprende a base de repetición y de retención. De esta forma se practica más la fonética y la prosodia de la lengua.

La nemotecnia la puedo describir así: Nemotecnia est ars adiscendi, scribendi, repetendi et retinendi recte atque ornate vocabulum, cogitationem, carmen, cantum, fragmentum, leporem, textum libellumque. Yo recuerdo que con el padre Moisés Oropeza recitábamos muchos textos de memoria y eso nos permitió hablar mejor la lengua latina de una forma cotidiana y académica.

La interdisciplinariedad nos da más apertura al estudiar distintos géneros dentro de la misma lengua. Y con la criticidad podemos estudiar distintos métodos, incluso podemos pasar de uno a otro, con la ayuda de la analogía, de la filosofía y de la lógica se puede avanzar más. Es lo que siempre he dicho: “echándole ganas”.

  1. Usted se ha referido con frecuencia a la sabiduría de los pueblos indígenas en su época de oro, me refiero a los pueblos náhuas, ¿qué puede decirnos al respecto?

Ellos tenían conocimientos de la astronomía, conocimientos que, a su vez, suponen los de las matemáticas y, especialmente, por el profundo y universal que tuvieron de las cosas, al menos los tlamatinime, a quienes Sahagún, con toda justicia, llama sabios o philosophos. Ellos eran hombres muy preparados, se les puede designar con la palabra latina sapiens o la palabra griega σοφός, porque le encontraban sabor y sentido a las cosas a través del conocimiento profundo. Este es el sentido de la definición clásica de filosofía y que yo aprendí bien desde que era un adolescente con mis estudios de latinidad, la cual transcribo a continuación: Philosophia est scientia omnium rerum, per causas ultimas, naturali rationis lumine comparata”.

El doctor Justino Cortés, el maestro Porfirio Tepox y el maestro Juvenal Cruz
El doctor Justino Cortés, el maestro Porfirio Tepox y el maestro Juvenal Cruz Vega
  1. Hay un tema de mucho interés para la formación sacerdotal y para la educación: el Seminario Palafoxiano Angelopolitano. Es una de las instituciones más antiguas en la ciudad de Puebla. Me gustaría que compartiera una síntesis de su trayectoria, pensando que en varios de sus escritos, usted ha publicado reseñas muy hermosas al respecto.

Te comento unos pensamientos sobre el tema que solicitas de una forma clara y precisa. Omito las fuentes y las citas exactas, pues se pueden consultar en algunos de mis libros, especialmente uno ya citado: “Justo García, un sendero de luz y alegría”.

El comienzo del Seminario de Puebla fue el Colegio de San Juan fundado con la aportación económica del P. Juan  Larios. Señor Cura de Acatlán y de la decidida labor del obispo de Puebla D. Diego Romano (1578-1606). La fecha de su fundación fue el 24 de septiembre  de 1604. Sin embargo, la fundación propiamente dicha, es decir, la formal y jurídica, fue obra del IX obispo de Puebla D. Juan de Palafox y Mendoza (1640-1655), realizada el 22 de agosto de 1644. Por esta razón dicho plantel lleva el nombre de Palafoxiano.

El Seminario de Puebla, teniendo en cuenta que ha sido “Gloria Angelopolitana et Mexicanae Reipublicae decus” (Gloria Angelopolitana y honra de la Repúblicamexicana), Monseñor Ramón Ibarra y González, último obispo (1902-1904) y primer arzobispo de Puebla (1904-1917) en su viaje a Roma de 1906, se dedicó con gran empeño a hacer las gestiones para elevar al Seminario Conciliar Palafoxiano a la categoría de Universidad.

Después de haber sido elaborados y presentados los documentos necesarios para su aprobación, y conseguida ésta, se realizó felizmente su erección el 8 de diciembre de 1907 con una gran solemnidad, poniéndola bajo el patronato principal de la Inmaculada Concepción y el secundario de Santo Tomás de Aquino. No solamente se establecieron en esta Universidad Católica Angelopolitana las facultades de Filosofía, Teología, Derecho canónico y civil, sino también las facultades de Medicina e Ingeniería.

El segundo arzobispo de Puebla, D. Enrique Sánchez Paredes obtuvo en el año 1920 un autógrafo del papa Benedicto XV (1913-1922) colocado al pie de su retrato en el que bendice al Seminario y Universidad Católica Angelopolitana e indica cuál es su finalidad. “Bendecimos al Seminario y Universidad Católica, deseando sea plantel de sacerdotes santos y de sabios varones. Roma y 23 de junio de 1920. Benedictus PP. XV.

Este plantel, como su nombre indica, ha sido un verdadero semillero. En efecto, la historia nos dice que de él han egresado grandes pastores de la iglesia que peregrina en Puebla y grandes hombres que han brillado con luz propia en los diversos campos del saber humano. Sin embargo, dicho Seminario-Universidad Católica  Angelopolitana, a pesar de su grandeza, ha sido injustamente perseguido y despojado en tres ocasiones.

  1. Varios investigadores han aludido a los despojos del Seminario Palafoxiano a través de su historia, incluso la biblioteca de la Universidad Católica Angelopolitana está dispersa, ¿qué puede comentar al respecto?

Respondo diciendo en dos apartados a tu pregunta. Sobre los despojos del Seminario y sobre la biblioteca se apunta lo siguiente. La primera vez fue a mediados de agosto del año 1856 con la aplicación de las leyes de Reforma en Puebla. Fue desposeído de sus tres Colegios: el de san Pantaleón, el de San Juan y el de San Pablo.

La segunda vez tuvo lugar  en el año de 1914, durante la Revolución Mexicana. Esta vez la Universidad Católica Angelopolitana fue completamente saqueada. “Los horrores de la revolución se dejaron sentir con grande fuerza en ese centro docente de gran importancia y de porvenir para la iglesia y para la patria. Varios profesores fueron presos por el enorme delito de enseñar a la juventud y dirigirla a la conquista de las más sanas aspiraciones, lo mismo a muchísimos alumnos; el grandioso edificio, debido a la munificencia del nunca bastante llorado, Ilmo. Sr. D. Ramón Ibarra y González, convertido en cuartel y en casa de vecindad; ya escogida biblioteca que contaba ya con más de 20,000 volúmenes destruida, y tiradas a la calle sus valiosas obras, sus hermosos Gabinetes de Química, el primero de la República, de Física, Historia natural y Bacteriología completamente aniquilados, habiendo desaparecido todos los aparatos y el importantísimo sismógrafo, traído de Alemania y acabado de instalar por el sabio jesuita Gustavo Heredia, siendo lo más moderno de su clase. Tal es el estado en que quedó este importantísimo centro; arruinado por la furibunda racha de la revolución.

En el poco tiempo que tuvo de vida, pues fundada en el año de 1908 (sic), floreció en gran manera, siendo numerosos los alumnos que frecuentaban sus aulas con un competentísimo profesorado.

Después de este despojo los seminaristas recibían clases en diversos lugares, incluidas casas particulares, hasta que el Seminario se estableció con regularidad en la antigua Sacristía de Capuchinas, hoy 9 Oriente, no. 5.

El tercer despojo que sufrió el Seminario fue en el año de 1926, en tiempos de la Persecución Religiosa, bajo la acusación de que los sacerdotes “Violan la ley de culto” y de que “están engañando al pueblo y tienen la culpa de que permanezca en la ignorancia y en los vicios”.

Sobre la biblioteca de la Universidad Católica Angelopolitana es menester decir que está dispersa respecto a la cantidad de volúmenes a los que ya aludí arriba. Una parte se encuentra en el Seminario Palafoxiano de Puebla. Pero también algunas de las obras que pertenecieron a la UCA, se encuentran hoy en el rico acervo bibliográfico de la Biblioteca Central “José María Lafragua” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Otras más se hallan en la Biblioteca Palafoxiana. Estas obras se pueden identificar fácilmente por el sello distintivo de dicha Universidad Católica.

El doctor Charles Pigott y el doctor Justino Cortés
El doctor Charles Pigott y el doctor Justino Cortés
  1. Doctor Justino, hablando de asuntos sobre sus investigaciones del Seminario Palafoxiano y de la Universidad Católica Angelopolitana. Cuando usted se refiere en ocasiones a la planta docente del Seminario Palafoxiano, a menudo figura el padre Moisés Oropeza Reyes, comprendo que fue el maestro que más lo influenció en sus estudios académicos por el lado del latín, de la lengua griega, de las humanidades, tal vez por el lado de la historia y la historiografía, pero ¿qué otros maestros así de esa misma calidad académica recuerda usted?

El primer libro que escribí se intitula: “Reseña histórica de la congregación mariana” en el año 1956. En la primera parte de ese libro escribí algunas biografías de mis maestros. Tomé clase con varios profesores bien preparados, casi todos dominaban a la perfección la lengua latina, algunos eran filósofos, otros teólogos, y los demás eran biblistas y canonistas, entre otros.

Recuerdo muy bien a los padres a saber: Bartolomé Carrasco, Víctor Pérez Rendón, Luis Munive Escobar, Alfonso Reyes Ramos, Ricardo Riquelme, Teódulo Velasco, Anselmo Zarza Bernal, Benjamín Vega Hernández, Luis Maldonado, Miguel Zamora, Miguel Nahuatlato Zempoaltecatl, Roberto Escamilla, Luis Garcés, Nicolás Ozumbeño, Ascención Ochoa, Jesús Padilla. Además de los padres Moisés Oropeza y Samuel Manuel Centeno.

En esta ocasión hablaré de uno de los maestros significativos de esa época, el padre Alfonso Reyes Ramos; digo el segundo apellido para que no sea confundido con el poeta regiomontano Alfonso Reyes Ochoa. El padre Alfonso Reyes era un sacerdote bien preparado, sabía latín y griego, era licenciado en Sagrada Escritura y doctor en teología por la Universidad Gregoriana de Roma. Fue rector y prefecto de estudios del Seminario Palafoxiano. Destacó como catedrático de Sagrada Escritura y fue un hombre muy disciplinado. El 24 de febrero de 1967 fue ordenado obispo de Ciudad Valles y murió a los dos años siguientes en la misma diócesis, hoy san Luis Potosí.

Comento otro ejemplo destacado. Uno de los maestros más preparados era el padre Samuel Manuel Centeno. Enseñó varias asignaturas, tales como: teología moral, filosofía, latín, matemáticas, física, química, geometría, trigonometría, álgebra astronomía e historia natural.

Una de las características que debe anotarse del padre Samuel Manuel Centeno es la siguiente: fue el último doctor de la Universidad Católica Angelopolitana. Se doctoró en filosofía el 12 de enero de 1932, su tesis se tituló: “La mujer en la política”. Y es uno de los principales estudiosos y defensores sobre los derechos de la mujer. Al revisar trabajos de esta índole, es una injusticia su valoración, porque no se le ha hecho un reconocimiento por su labor, ya que es de los grandes defensores sobre la mujer y de los primeros expositores del siglo XX en México al respecto.

Sin duda, era un sacerdote muy preparado, como dominaba la cosmografía, le deleitaba mucho enseñarnos. Sus alumnos teníamos conocimientos, no precisamente astronómicos, pero estábamos llegando a conocimientos profundos con él.  El padre Centeno era muy ameno en sus clases, tenía una voz fuerte, parecía que no se podía platicar con él, era muy amable, inclusive aunque tenía su carácter fuerte, como profesor era muy bondadoso, de tal manera que muchos alumnos preferíamos ir a confesarnos con él, era un hombre muy paciente.

El padre Samuel dejó varias generaciones de discípulos bien preparados, tanto palafoxianos como filipenses, franciscanos, mercedarios y del Instituto Social Femenino. Como muchos seminaristas no llegaron a ser sacerdotes, es recordado en el mundo laico. Así, pues, el padre Centeno, nos ha dejado un excelente testimonio.

El doctor Justino Cortés con los maestros Pedro Vallejo y Juvenal Cruz
El doctor Justino Cortés con los maestros Pedro Vallejo y Juvenal Cruz
  1. ¿Guarda alguna anécdota de sobre algún otro profesor del Seminario Palafoxiano, cuando usted era estudiante?

Hay un ejemplo digno de ser mencionado. El padre Pedro Montero Vázquez, quien fue de los grandes catedráticos de la Universidad Católica Angelopolitana y del Seminario Palafoxiano, ya no era catedrático del seminario cuando yo era seminarista; no obstante con frecuencia lo nombraban prefecto de estudios sin ser maestro ya; era muy inteligente y también muy estricto, iba a la clase, se sentaba como alumno para escuchar al maestro, estaba así cuando teníamos la evaluación y él también nos impulsaba para que habláramos, sobre todo, en latín, no le importaba que dijéramos errores hablando de las lenguas clásicas, lo importante era que habláramos. Las materias principales eran en latín y muy rara vez en español.

  1. Padre Justino, cuándo usted termina los estudios del seminario por el año de 1956 y después de algunos años usted se va estudiar a la Universidad Católica de Santiago, en Chile, un diplomado en Teología Catequética y de allí ¿qué recuerda usted?

Así es, en la Universidad Católica de Chile había grandes maestros, lo cual me emocionaba porque podía continuar los estudios ya siendo sacerdote. Hablo de 1962-1963, fui a estudiar un Diplomado en Teología Catequética, allí tuve excelentes catedráticos; muchos de ellos eran eméritos de universidades europeas de buen prestigio. Algunos eran profesores egresados de la Universidad de Lovaina. Recuerdo a uno, era belga, el doctor Florencio Hofmans, un sacerdote muy inteligente y bien preparado, solía tener cercanía con los estudiantes. Tuvo muchos deseos de venir a México, y cuando lo hizo, lo invité a mi pueblo a Santa Rita Tlahuapan, le deleitaba pasear en el Iztaccíhuatl y tomar el té de manzanilla para evitar el dolor de estómago.

Tengo una experiencia excepcional que a menudo recuerdo. Tuve la oportunidad de tener contacto con la Selección Nacional de Futbol Mexicana durante el Campeonato mundial de Chile 1962, debido a que el Comité Ejecutivo y el Arzobispado de Santiago me delegaron para atender espiritualmente a la Delegación y visitantes de México. Esta experiencia me mantuvo activo y alegre al ver de cerca a los jugadores de la selección mexicana.

En aquel mundial México jugó muy bien y pude apreciar que los mexicanos podemos triunfar con nuestras cualidades mundialmente. Recuerdo a buenos futbolistas como Antonio Carbajal, Salvador Reyes, Alfredo del Águila, Héctor Hernández. Yo les insistía en el trabajo en equipo, porque representaban a México y no sólo a sus equipos respectivos de donde procedían. Uno de los partidos más comentados es cuando México le ganó a Checoslovaquia tres goles a uno, y fue la primera vez que México comenzó a destacar en el futbol a nivel mundial. Fue tan comentado ese acto por la cantidad de goles y por la energía y ánimo de los mexicanos. Yo también era muy joven, tenía 29 años y terminé con éxito el Diplomado en Teología Catequética en la Universidad Católica de Santiago.

  1. Después de regresar de la Universidad Católica de Santiago, qué actividades realizó en la ciudad de Puebla y qué actividades le encomendaron, doctor Justino?

Una vez que regresé de Chile en 1962, me dieron la oportunidad de dar clases en el Seminario mayor Palafoxiano. No enseñé cosas que había estudiado sobre Catequética. El padre Bartolomé Carrasco Briseño era el rector del seminario y el padre Rosendo Huesca Pacheco era entonces el prefecto de estudios; éste último me ofreció que enseñara las asignaturas de “Ética y Psicología” en el seminario mayor. Siendo profesor comencé a interesarme con más profundidad en los estudios filosóficos y teológicos, pues las asignaturas que dictaba me exigían mayor preparación y un tiempo más considerado.

Así surgió la necesidad de un profesor de filosofía con mayor formación para que enseñara en el seminario. Coincidió que nuestras autoridades solían enviar a Roma a un sacerdote joven que estudiara filosofía, teología o derecho canónico. En ese contexto, yo fui Roma a estudiar la licenciatura en filosofía a la Pontificia Universidad Gregoriana. Pues era lo que me gustaba entonces, además iba un poco avanzado debido a que estudiaba con la obra de un autor poblano, que tenía mucha profundidad filosófica, el padre y doctor Luis G. López, catedrático de la Universidad Católica Angelopolitana, quien tenía un trabajo serio y había dado mucha gloria a Puebla, a México y a otras naciones con sus libros a saber: “Lógica, Ontología y Metafísica”. La obra del padre Luis G. López, tenía conceptos muy claros, definiciones bien hechas, con etimologías bien construidas, con relaciones académicas con otras disciplinas y con una profundidad tal como se enseñaba en Roma con catedráticos de renombre en la filosofía de distintas naciones.

Yo mismo conservo una anécdota, alguna vez que fue un profesor a estudiar filosofía a Roma, refiriéndose a la Universidad Católica Angelopitana le dijeron: “¿ustedes, para qué vienen aquí a estudiar a Roma, si tienen una gran universidad en Puebla? No es necesario que vengan acá; allá se enseña lo mismo o mejor que aquí. Tienen ustedes un gran filósofo y grandes catedráticos de humanidades. Las obras de ese filósofo todavía perduran en muchos lugares, están dispersos pero aún están”.

  1. Dígame, doctor Justino Cortés, qué profesores recuerda de la Universidad Gregoriana y cómo era el ambiente cultural en ese tiempo?

El ambiente académico y cultural de la Universidad Gregoriana de Roma era extraordinario. Había excelentes pensadores de diversas naciones de todas las disciplinas y vertientes que constituyen la filosofía. Por ejemplo Eduardo González Caminero, Joseph de Finance, Juan Bautista Lotz, Bernardo Lonergan, Gustavo Wetter, entre otros. El padre Juan Bautista Lotz era un filósofo muy profundo en ontología y metafísica, era uno de los discípulos cercanos al filósofo alemán Martin Heidegger. El padre Joseph de Finance era un excelente profesor de Ética. Cada profesor enseñaba con su libro que él mismo escribía y como muchos sabíamos la lengua latina podíamos profundizar en la abundante bibliografía que consultábamos. Realicé una tesina para obtener la licenciatura en filosofía, a la cual titulé: “La filosofía del trabajo”, comencé realizando la investigación con el doctor Juan Bautista Lotz y finalmente bajo la dirección del doctor José Goenaga.

Terminé los estudios universitarios en 1965 y en ese año regresé a Puebla, y me incorporé como profesor en el Seminario Palafoxiano, siendo rector monseñor Rosendo Huesca Pacheco y luego el padre Humberto Vargas Rivera, allí enseñé casi todos los tratados filosóficos. Recorrí prácticamente todos los tratados, enseñé lógica: comenzando con la dialéctica, después lógica mayor, cosmología, psicología, ética; también dicté cursos completos de historia de la filosofía moderna y contemporánea. Durante mi docencia hice lo mismo que mis profesores, escribí casi todos los tratados filosóficos y la historia de la filosofía en lengua latina, trabajos que todavía conservo inéditos.

  1. Termina sus estudios de filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma, regresa a Puebla varios años como docente. Padre, Justino ¿pero en qué momento realiza sus estudios de teología en Bélgica y España?

Ya después de varios años de dar clase en el Seminario Palafoxiano y al mismo tiempo dirigiendo la escuela Normal de Religión en la Arquidiócesis de Puebla, tuve la oportunidad de regresar a Europa a estudiar teología. Vino un padre del Instituto Internacional Lumen Vitae de Bélgica, haciendo la invitación que si alguno de nosotros quería ir a estudiar Catequética a ese lugar, lo podía hacer con la ayuda de una beca.  Entonces me propusieron a mí para aprovechar ese apoyo. Llegué a Bélgica con una beca donada por la Fundación adveniat, no, por alguna universidad alemana como se acostumbraba. Pues todos hemos oído hablar de ella, es una gran fundación, cada año allá en Alemania hacen la colecta nacional y luego los alemanes dan su colaboración y motivan a la gente para que ayude diciéndoles: “acuérdense que los alemanes después de la Segunda Guerra Mundial estábamos en la miseria, estábamos destrozados y la ayuda que nos llegó era precisamente de América Latina”.

Así, pues, en todo América Latina ayudan, pero sobre todo, a México. No sé por qué, si México no colaboró mucho con ellos, pues en la Segunda Guerra Mundial, México participó con el escuadrón 201, pero no son rencorosos los alemanes; muchas becas han donado y siguen donando a México y directamente a Puebla. Entonces ya con la beca que se me dio, lo cual no cubría completamente todo, pero aun así,  comencé a estudiar una nueva carrera. Allá estuve en el Instituto Lumen Vitae, yo iba nada más por la licenciatura, sin embargo cuando acabé de estudiar, allá un profesor me dijo: “tu trabajo intelectual amerita seguir adelante, sino lo sigues tú, otro lo va a hacer, en verdad ya tienes las claves para interpretar el trabajo que podrías hacer”. Realicé una tesis, a la cual titulé: “La evangelización ayer, hoy y mañana en la arquidiócesis de Puebla”. De este modo terminé los estudios satisfactoriamente, el título me lo dio la Universidad Católica de Lovaina como licenciado en teología catequética.

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Catecismo de Fray Pedro de Gante
  1. Padre Justino Cortés, por todo lo que ya se sabe de sus escritos, usted realizó su tesis de doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca sobre el siguiente tema: “Catecismo en pictogramas de Fray Pedro de Gante. Estudio introductorio y desciframiento del Ms. Vit. 26-9 de la Biblioteca Nacional de Madrid”. Pero como el estudio es muy amplio, dígame, ¿qué fue lo que trató en su investigación y qué motivos lo impulsaron a tal investigación?

Responderé brevemente con mi trabajo de investigación, titulado: “El Catecismo en Pictogramas de Fray Pedro de Gante”. De este Catecismo pictográfico únicamente consideré el aspecto fundamental de su desciframiento, acompañado del señalamiento de los puntos más sobresalientes de su contenido. Por tanto, no constituyen el objeto específico de esta investigación: ni el estudio exhaustivo de cada pictograma hasta llegar a sus elementos mínimos, tanto técnicos como de composición expresiva, ni el análisis detallado del contenido de cada uno de los pictogramas, ni el estudio comparativo entre este codicilo y los demás catecismos pictográficos que se guardan en diversas bibliotecas y colecciones del mundo, ni tampoco el estudio igualmente comparativo con otros catecismos, ya manuscritos, ya impresos de la época.

En su momento dado hice la justificación de la elección del tema del siguiente modo:

Cuatro motivos me movieron a emprender este trabajo: dos, de índole personal, y otros dos, de índole objetiva.

Primero hablaré de los motivos de índole personal:

a) Mi nacionalidad mexicana y afinidad con la raza indígena de mi pueblo con la que me liga una importante proximidad biosomática. Este hecho me impulsa a interesarme de modo especial a conocer mis propias raíces. Me considero un mexicano muy cercano a los actuales indios de mi pueblo, descendientes directos de aquellos otros indios para quienes fue elaborado este Catecismo en pictogramas.

b) Mi condición de sacerdote y, por consiguiente, el hombre de la Palabra, de la evangelización y de la catequesis; el hombre del diálogo intercultural.

Todo el conjunto de impresiones y experiencias sedimentadas en mí durante los años de infancia y adolescencia fueron removiéndose, agitándose y sugiriendo con renovados bríos en las etapas posteriores de mi vida sacerdotal al contacto con los indígenas de mi pueblo.

Las tareas pastorales que me fueron encomendadas en distintos niveles contribuyendo a desatar aquellos sedimentos. Comenzaron entonces a surgir muchos y graves interrogantes a la tarea pastoral de acercamientos de la fe a la cultura de mi pueblo. Siguieron momentos de reflexión y de búsqueda por mi parte, de numerosos intercambios con otros sacerdotes y catequistas a la búsqueda de un proyecto pastoral capaz de ser significativo en la cultura propia de nuestras gentes.

Finalmente hubo un acontecimiento que impulsó definitivamente este esfuerzo, esta reflexión. Fue el año 1978, durante mi estancia en el Instituto Internacional Lumen Vitae, cuando trataba de orientar mi memoria de licenciatura en teología catequética. Tuve la oportunidad de conocer a un sacerdote, venerable por su virtud y ciencia, el P. Lucien Ceyssens quien, al pedirle orientación sobre el tema a elegir, al saber que era sacerdote mexicano, me condujo a la biblioteca y archivo del convento franciscano de Sint-Truiden y allí me mostró una fotocopia de la Doctrina christiana en lengua mexicana de fray Pedro de Gante y otra de su Catecismo en pictogramas, suponiendo que yo, como mexicano, conocía la lengua y los glifos correspondientes. Este estudio podría, a su juicio, constituir el objeto de una buena tesis de doctorado en Teología. Caí en la cuenta de mi ignorancia sobre ambos temas; un sentimiento de vergüenza se apoderó de mí por desconocer cosas que pertenecen a la cultura de mi pueblo: la lengua mexicana. Para mí fue como un desafío. Desde entonces nació en mí el deseo de conocer ambas cosas.

Me asechaba la duda del valor teológico catequético de un tema que en sí mismo ofrece a primera vista sólo una perspectiva histórica, lingüística y paleográfica. A la vez era consciente de la necesidad de abrir cauces en la teología catequética a la interdisciplinariedad. A partir de este momento el objeto de mi trabajo comenzó a ser para mí un reto al que tenía que responder. Era consciente que no podía espera pacientemente a que alguien hiciera el trabajo de desciframiento de este Catecismo. Yo mismo debería intentar realizarlo y así poder conocer personalmente y de modo originario el proyecto teológico y pastoral subyacente en los pictogramas del Catecismo que estudio.

A partir de aquí me entregué con mayor tesón al aprendizaje de la lengua mexicana clásica y del sistema glífico escriturístico mexicano, cuyo conocimiento me permitió, en gran parte, llegar a la traducción objetiva del texto. He de expresar en este momento mi gratitud al Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequética de Madrid, donde he encontrado el apoyo, el estímulo y los medios adecuados para llevar a cabo mi propósito.

En segundo lugar hablaré de los motivos de índole objetiva:

a) La originalidad. Hay ausencia de estudios rigurosos del grandioso proyecto evangelizador de los primeros misioneros de México. Podría decirse que los vestigios que poseemos de la acción evangelizadora en la primera mitad del siglo XVI son propiamente dos: la religiosidad popular (cfr Medellín, 6.2; Puebla, 457) y algunos catecismos, tanto manuscritos como pictográficos; entre estos últimos se encuentra el Catecismo en pictogramas de fray Pedro de Gante.

Ahora bien, este Catecismo hasta hoy no ha sido descifrado. Es cierto que tenemos el trabajo de Narciso Sentenach. Sin embargo, no se trata de un estudio de desciframiento científico, sino más bien de una interpretación donde prevalece la imaginación y el sentido común, como se verá con toda claridad en la segunda parte de nuestro estudio.

b) La importancia del tema. En la medida en que representa un conjunto de aportaciones interdisciplinares y, en cuanto tal, de relevancia para la reflexión y la práctica catequética actuales. En efecto, nuestra investigación aporta, si bien modestamente, una contribución: a la historia en general, porque da a conocer una de sus fuentes, aunque aparentemente insignificante; a la historia de la Iglesia, ya que presenta uno de los instrumentos privilegiados que utilizó en la tarea evangelizadora de México; a la teología, pues permite conocer el contenido de este Catecismo; a la antropología cultural, porque muestra una de las manifestaciones de la cultura precolombina y del alma de pueblo autóctono de entonces; a la pedagogía, pues presenta el uso sistemático del lenguaje total en la educación de la fe; tiene valor , sobre todo, para la historia de la catequesis, porque posibilita el descubrimiento del texto y de la pedagogía de un catecismo netamente misionero.

  1. Al revisar el itinerario de sus estudios y de sus investigaciones he podido advertir el rigor incomparable de su tesis doctoral. Quiere decir que la metodología que utilizó es innovadora. ¿Qué puede compartirnos al respecto, doctor Justino?

El camino a seguir para llegar al desciframiento de los pictogramas está basado principalmente en la aplicación de las tres claves siguientes:

1° Hay semejanza y hasta identidad de algunos pictogramas con algunos glifos o signos de los códices mexicanos. Esto va a significar que vamos a adentrarnos en el conocimiento de un sistema de escritura muy diferente del que estamos habituados. En efecto, mientras los elementos que componen nuestra escritura alfabética latina son letras, los que componen la escritura mexicana precolombina son glifos o pictogramas (dibujos o pinturas). No vamos, sin embargo, a tratar de conocer todos los elementos del antiguo sistema de escritura mexicana, sino solamente aquellos que se identifican o se parecen a los signos que se encuentran en el Catecismo pictográfico. Este conocimiento, sin duda, nos aproximará a la traducción objetiva del Catecismo.

2° Hay semejanza y hasta identidad de significado entre los pictogramas y las palabras o frases de los catecismos impresos en España a finales del siglo XV o principios del XVI y en México en la primera mitad del XVI. No vamos, sin embargo, a comparar los pictogramas con cada uno de estos numerosos catecismos, sino solamente los motivos que nos han llevado a la selección de estos tres catecismos. Esto significa que vamos a cotejar los pictogramas no ya con dibujos o pinturas – como en la clave anterior- sino con los elementos de le escritura latina con que están impresos los mencionados catecismos.

Estos son los tres catecismos, los cuales están dotados de las características siguientes: primeros en el orden cronológico, breves y redactados en lengua mexicana:

Doctrina christiana breue traduzida en lengua Mexicana por el padre fray Alonso de Molina de la Orden de los Menores, y examinada por el Reverendo padre Joan Gonçalez, Canónigo de la Iglesia Cathedral de la ciudad de México, por mandato de Rmo. Señor Don Fray Juan de Çumárraga, obispo de dicha ciudad, el qual la hizo imprimir en el año de 1546, á 20 de Junio.

-Doctrina chiquita de los dominicos.

-Doctrina tepiton de fray Pedro de Gante.

Las dificultades que presenta el desciframiento de la 7° parte del Catecismo en pictogramas, nos exigió hacer una investigación especial, cuyo fruto fue la elección de otros catecismos impresos, con excepción de la Doctrina christiana en lengua Mexicana de fray Pedro de Gante, para encontrar su correspondencia con los pictogramas que constituyen esta parte, por los motivos que expondremos en su introducción.

3° Hay semejanza y hasta identidad entre los pictogramas repetidos que se encuentran en los tres ejemplares conocidos del presente Catecismo pictórico. Esto significa que no vamos a comparar los pictogramas de este Catecismo ni con glifos ni con palabras o frases impresas, sino con pictogramas, es decir, los pictogramas de cada ejemplar entre sí y a continuación, los pictogramas del primer manuscrito pictográfico de la BNM, que abarca del pictograma no. 1. al 981, con los pictogramas del ejemplar mutilado, el cual está añadido al primer ejemplar y comprende del no. 982 al 1162, así como con los pictogramas del ejemplar que se conserva en el AHNM. Fruto de la aplicación de esta tercera clave será identificar con mayor seguridad los pictogramas del primer ejemplar, ya que los tres ejemplares ciertamente se refieren al mismo contenido, aunque estén pintados por tres diferentes dibujantes o pintores, a través de los detalles relativos a su configuración y colorido, y aún encontrar dudas de lo que realmente está pintado u omitido, dudas que se disiparán mediante su cotejo con los textos impresos elegidos.

Antes de proceder a la aplicación de esta clave, dimos entre otros, los pasos siguientes: colocamos encima o junto a cada pictograma el número arábigo que le corresponde según la numeración continua; cotejamos entre sí los pictogramas de cada ejemplar con los de los otros dos; clasificamos los pictogramas en: idénticos, semejantes y diferentes; estáticos  dinámicos; amplificamos los pictogramas que presentan mayor dificultad de su traducción, debido a su configuración.

Nota: Hasta aquí los fragmentos, esperando el momento oportuno para dar a conocer otros aspectos de la entrevista o, quizá, completa.

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