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El muro que coloniza – Roberto Carlos Pavón Carreón

Roberto Carlos Pavón Carreón

Profesor y traductor de árabe, hebreo,

sánscrito, chino, entre varias lenguas

Twitter: @Aqarib

Muro fronterizo México-EU

La historia de este país ha sido un cúmulo de gradual de conflictos que se concentran en  épocas específicas por eventos extraordinarios internos y sobre todo externos. Y desde luego, no es algo que únicamente suceda así en México, buena parte del mundo ha padecido eventos significativos que ha engrandecido naciones así como las ha borrado de la memoria.

En este desarrollo histórico podemos recordar dos fechas específicas, el 27 de septiembre de 1821 nuestro país se independiza de España, aunque aquel gobierno reconoce tal soberanía hasta 1836. El nexo político, en efecto, cesa y se van estableciendo relaciones cordiales con la nación ibérica. A regañadientes o no, España se va olvidando de su influencia política sobre Latinoamérica.

Joel Roberts Poinsett

Con Europa ya prácticamente fuera de nuestro continente, crecen otros intereses: los de Estados Unidos por marcar pauta en lo que los nuevos países independientes decidan; en mayor o menor grado, con o sin descaro la influencia se ha notado desde el siglo XIX. En México, el interés se notó en demasía tras esa independencia con la llegada de Joel Roberts Poinsett <en la imagen arriba> como Ministro de Estados Unidos en México; desde entonces, sin entrar en detalles de cómo este personaje y tantos otros se han inmiscuido en asuntos de un país “independiente” se nota que tal situación alcanzada en la primera fecha citada en realidad fue un tácito cambio de dueño.

Las influencias políticas de las potencias se han dado en muchos sitios a lo largo del tiempo, no hay forma de cambiar eso en sí. Los chinos, por ejemplo, crearon su长城Chángchéng (cháng de hecho significa ‘largo’, y chéng ‘pared’ o ‘muro’), los romanos también tenían en algunas partes de su imperio murallas menos extensas como la ubicada en la provincia de Britannia, hoy Inglaterra, el famoso Vallum Hadriani (Muro de Adriano) levantado en el año 122 de nuestra era, los tristemente célebres Berliner Mauer (Muro de Berlín) y el muro existente entre Israel y Palestina conocido en hebreo como גדר ההפרדה (Valla de separación) son todos muestra simbólica de poder entre quien construye tales serpientes fronterizas de piedra y “lo que hay del otro lado”.

Muros, vallas, murallas, las separaciones forzosas entre enemigos o “amigos”, entre amos y siervos van mutando su materia prima, ya no es como antaño necesario al estilo romano más puro una elaboración tipificada minuciosa:

Opus quadratum (piedras cortadas paralelepípedas dispuestas en filas horizontales),

Opus coementicium (piedra y mortero),

Opus incertum (piedras con arreglo aleatorio en el mortero, pero caras principales orientadas hacia afuera),

Opus reticulatum (piedras de base cuadrada dispuestas diagonalmente),

Opus mixtum (opus reticulatum con bordes de ladrillo) y

Opus testaceum (o latericium, hecho de ladrillos)[1].

Hoy, un muro lo puede elaborar un gobierno arrodillado sin colocar un solo ladrillo sobre el Río Bravo a costa de una orden de Washington con el eufemismo llamado “acuerdo” que el gobierno estadounidense hace bien en llamar con todas sus letras “declaration[2], palabra en inglés que definen en tal lengua como “a formal or explicit statement or announcement” esto a todas luces refleja una afirmación unilateral (si se lee el texto en la página citada, aun se diga en su encabezado ‘U.S.-Mexico Joint’).

El nuevo período que vivimos no es algo nuevo, como se menciona líneas arriba, el hecho que Washington influya sobre decisiones gubernamentales mexicanas no es nuevo, ni será la última vez que ocurra. Sin embargo es muy notoria esta ocasión el hecho de que todo esto sea provocado por el ansía de una reelección en aquella nación que perjudica a corto plazo a nuestro país y que desde luego no frenará la migración.

Hoy se puede ver desde Tijuana a Tapachula que nuestro país será vulnerado ante tal “acuerdo” migratorio, lo que invisiblemente convierte a este país en una colonia administrativa (del latín colōnia y esta deriva de colōnus “colono” o “campesino”) en pleno siglo XXI del vecino país del norte. La relación entre el dueño (colonialista) y el colono eventualmente se degrada en una de deuda y dependencia, siempre ha sucedido así, y en este caso, de este lado de la frontera es justamente por un asunto arancelario.

Henos aquí, entre un ente naranja con ansías de poder y un “pueblo sabio” de memoria corta.

[1] Véase https://thes.bncf.firenze.sbn.it/termine.php?id=23872

[2] Véase https://www.state.gov/u-s-mexico-joint-declaration/

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