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¿Por qué nos sentimos solos? – Juan de Dios Andrade

CONfines Políticos

Juan de Dios Andrade

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La soledad en la era global

Parece increíble que la soledad sea una constante en la era de la conectividad y que impulse a uno de los padecimientos más graves de la actualidad: la depresión…

Pero ¿por qué nos sentimos solos? O más específicamente: ¿qué es la soledad? ¿Cuál es la que te aqueja? Dicen que toda respuesta acertada depende de que la pregunta esté bien hecha y hay mucho de razón en ello…

Para unos, la soledad se relaciona con la imposibilidad de adquirir ciertas cosas y de conseguir o mantener un nivel de vida…

¿Padeces este tipo de soledad comercial y de consumo, cuando tu estándar cotidiano te aísla de aquellos con los cuales quisieras estar y socializar? Porque entonces tu vida se asemeja a un ‘mercado’, la has vivido a merced del mercadeo y refleja el enorme vacío que impera en ti…

Para otros, la soledad implica ausencia de compañía, que puede referirse a todos o a determinadas personas en particular…

¿Es esto lo que te está pasando? ¿Te sientes así porque no están todos, porque no hay alguien en tu vida o porque te falta una persona en especial, con nombre y apellidos? Esto hace la diferencia entre desierto, amistad y amor…

Si se trata de un ‘desierto, hay que remover la arena y echar tierra buena y fértil, sembrar una semilla, hidratarla según su naturaleza y un buen sol, radiante y hermoso, para que pronto tengas un bello jardín. Se llaman ‘relaciones’ y tienes que hacerte de un entorno social que te nutra y llene de vida, en donde tú también seas vida para los demás…

Si echas de menos a alguien no identificado, tu soledad revela que careces de esa clase de amor llamada: ‘amistad’. No olvides que la amistad se cultiva a perpetuidad y rara vez aparece por casualidad. De faltarte, lo más probable es que el problema esté en ti, pues es más difícil que sea en varios que quizá no guarden mucha relación entre sí…

¿Dónde reside el problema? Esa es una pregunta toral…

Pero de hacerte falta una persona ‘de cuyo nombre no quieres acordarte’, pero que todos los días lo haces, entonces se llama: ‘amor’ o, mejor dicho, un amor no concretado ni correspondido, pero que tiene posibilidades de serlo…

¿Es eso lo que te ocurre? ¿Sientes un golpe fulminante en tu ‘todo’, con sólo percibir su presencia, su voz o su sonrisa? Pues entonces ten el valor de ir a tocar a su puerta y decirle que tu corazón lleva tiempo gritando su nombre…

No te garantizo que caerá a tus pies, pues hay plazas que ameritan ser tomadas ‘a bayoneta calada’ y toda la cosa. Sí, porque de que hay gente difícil, la hay. Pero te vas a sentir mejor después de hacerlo. Sólo cuida que tus palabras no sean una rendición y mucho menos incondicional….

Sin embargo, te lo advierto: la libido es experta en camuflajes, estratagemas y maniobras de engaño. Como los ninjas, sus movimientos se basan en la teatralidad, la sorpresa y la mentira…

¿Es soledad por falta de amor o es cuestión de sexo? Es importante que te lo aclares, antes que caigas en tu propia trampa o en la de él…

No soy sexólogo ni experto en ética sexual, y no deseo expresar una opinión disparatada. Sólo te recomiendo que lo tengas claro o en breve podrías padecer esa clase de soledad llamada: ‘desilusión’ y no hay peor desilusión que la de uno mismo. Nunca te des el lujo de desilusionarte de ti, porque muchos viven en ella todavía…

Pero hay otro tipo de soledad que hunde sus raíces en la Historia y en el ámbito espiritual…

Como nombre, ‘Soledad’ está referido únicamente a las mujeres. Por un lado, apunta a la falta de compañía. Por el otro, a la fortaleza de una mujer ante la adversidad de no contar con alguien. Lo segundo ha caído en el olvido y, hoy, cuando hablamos de soledad lo hacemos en el primer sentido…

Con el cristianismo, la soledad adquirió una connotación especial, al vincularse al estado de la Virgen luego de la muerte de su Hijo. La fortaleza la salvó de morir a manos de ese sufrimiento que conocemos como ‘tristeza’. De ahí brotó la devoción a la Virgen de la Soledad…

¿Es esta la causa de tu soledad, la ausencia de Dios? Porque a esa sensación se le llama: ‘desamparo’ y es de tipo espiritual. Similar a cuando mueren tus padres…

En tal caso, la solución es simple: acercarse a Él, que el único que no tarda en responder…

Si lo vemos bien, la última nos muestra otra clase de soledad: la de nosotros mismos. Sí, a veces esa ausencia proviene de no querer estar, curiosamente, ‘a solas con uno’ para cuestionarnos. Se le llama ‘intimidad’ o, mejor dicho, su carencia que algunos llaman: ‘miedo’ o ‘desconfianza’ hacia nuestro yo interior…

Hace cien años, el mexicano José Vasconcelos (que fuera anarquista, conservador y, en varios aspectos, más liberal que muchos que decían serlo) dijo que los avances en comunicaciones, transportes, carreteras y vías férreas podrían conducirnos a una paradoja: nos acercaría al que estuviese lejos, pero nos alejaría del que tuviésemos cerca…

Muy parecido a lo que pasa hoy en la conectividad global: podemos entablar comunicación con quien nos apetezca, a la hora que sea, sin importar dónde esté esa persona o nosotros…y, sin embargo, cada vez nos sentimos más solos…

Por si no bastase, no faltan los que, como auténticos dementes, andan en las redes sociales bloqueando a la menor provocación, sin darse cuenta de que en realidad dejan expuesta su pobreza espiritual y de corazón…

Sí, también hay soledades por masoquismo, por sadismo o por estupidez…

Volvemos a la pregunta: ¿cuál es la soledad que te aqueja? ¿La ausencia de todos, de mis amigos, de alguien en lo específico, de mí mismo o de Dios? Es un asunto acuciante…

Dejaremos para otra ocasión la soledad por decisión propia, porque no toda soledad es mala…

Hasta entonces…

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